El "Negro", que estuvo presente en la década de oro del xeneize, no aceptó que le disminuyeran su salario. El "Coco" Basile quería su continuidad.
Hugo Ibarra rechazó ayer la propuesta económica de la dirigencia y no renovó su contrato. Se acabó el ciclo del marcador lateral derecho de la década más gloriosa de Boca. Un futbolista excelso, con temperamento de campeón, con proyección sorpresiva y con pocos goles, pero impactantes.
El presidente Jorge Ameal y compañía habían resuelto adaptarse a la crisis global bajando los montos de los nuevos vínculos. Con una excepción: Martín Palermo. Al 9 sí le respetaron lo que venía percibiendo, aunque una parte con bonus. Quienes quedaron en el camino fueron Fabián Vargas, hoy en Almería de España, y el formoseño Ibarra, quien contaría con ofertas de Colón, de Estudiantes y de algún club del exterior.
De todos modos, por pedido del nuevo técnico Alfio Basile, a Ibarra le propusieron un contrato superior al tope fijado: mientras Boca se impuso como límite pagar 350.000 dólares anuales, los dirigentes intentaron seducir al "4" con una suma de 480.000 dólares. Una cifra muy lejana a la que venía percibiendo: 750.000 dólares, más 200.000 si jugaba una determinada cantidad de partidos que terminó disputando al cabo de la temporada 2008/2009.
En la ruta hacia este desenlace negativo, hubo desencuentros. A Ibarra no le gustó que priorizaran a Palermo. Después, cuando la dirigencia tuvo la certeza de que el Coco lo quería en el equipo e intentó iniciar las gestiones de renovación, fue el Negro quien prefirió irse de vacaciones y luego conversar. Esa postura en cierta forma huidiza generó malestar en Ameal y los suyos. Hasta que Ibarra, la semana pasada, hizo lo mismo que en las anteriores dos renovaciones: eligió hablar directamente con el presidente. Esta vez, con Ameal. Ahí escuchó los números que no lo convencieron. Lo pensó, lo pensó, lo pensó... Y ayer, vía telefónica, pidió que Boca se estirara a 550.000 dólares limpios, le dijeron que "no" y punto final. Había pasado un rato del mediodía. Enseguida llegaría un comunicado oficial de Boca anunciando la noticia y aclarando que Bianchi le agradeció en nombre del club los servicios prestados.
"Cuando Macri me besó el pie, me sentí Jesucristo", le confesó el 4 a Clarín unos días después de marcarle un golazo a Banfield desde una posición imposible, sobre la hora y con Boca en inferioridad numérica. Aquella tarde la Bombonera latía de verdad. Todo eso junto fue el Negro en Boca: un futbolista ganador, capaz de desatar pasiones totales y con un discurso agradable, ingenioso. Es un cuento que merecía mejor final.
