Pese a los reclamos provinciales y a las gestiones políticas en el Senado, el ministro de Economía rechazó modificar el capítulo impositivo. Patricia Bullrich trasladó la negativa y expuso las dificultades del oficialismo para reunir los votos.
La discusión por la reforma laboral ingresó en una etapa de máxima tensión política. Luis “Toto” Caputo le avisó a Patricia Bullrich que no iba a retirar el capítulo de Ganancias, aun frente a la presión de los gobernadores que exigieron cambios para sostener la ley en el Congreso. La postura de Economía condicionó el armado de mayorías y complicó el cronograma legislativo.
Bullrich transmitió esa definición durante un encuentro con presidentes de bloques aliados en el Senado. En la reunión pidió prudencia pública “para no complicar las negociaciones”, según relataron fuentes parlamentarias. La ministra también llevó una nota para impulsar una sesión el 12 de febrero, pero los senadores se negaron a firmarla. Plantearon que primero necesitaban señales de la Casa Rosada para revertir la rebaja de Ganancias a las grandes empresas, un punto que afectó la coparticipación provincial.
El temario propuesto tampoco incluyó la declaración de la emergencia ígnea, otro reclamo de los mandatarios por los incendios en la Patagonia. Esa omisión profundizó el malestar y dejó en evidencia la distancia entre el Ejecutivo y los gobernadores.
En paralelo, los mandatarios “dialoguistas” definieron una cumbre en Buenos Aires para unificar postura. La exigencia central fue sacar el capítulo de Ganancias, al que atribuyeron un recorte de un billón y medio de pesos para las provincias. El encuentro reunió a Gustavo Sáenz, Osvaldo Jaldo, Raúl Jalil, Hugo Passalacqua y Rolando Figueroa, un grupo con peso decisivo en el Senado.
Entre los senadores aliados hubo voluntad de acompañar la media sanción, pero también cautela. Tres legisladores advirtieron que no aceptaron avanzar con una mayoría mínima de 37 votos. “Queremos que junten 50 votos para que ningún juez se anime a voltearla”, dijo uno de ellos. La preocupación incluyó el riesgo de una eventual declaración de inconstitucionalidad.
La propia Bullrich reconoció ante los senadores que “Caputo está muy duro” y “no acepta cambios”. Esa definición contrastó con señales del ala política del Gobierno, que evaluó concesiones para sostener el apoyo provincial, aunque sin aval de Economía.
El conteo de votos dejó un escenario ajustado. Si el interbloque justicialista sostuvo su posición, el rechazo partió de un piso de 28 votos y pudo crecer si el Ejecutivo no aceptó las modificaciones. “Sin los votos de los gobernadores, la ley no sale del Senado”, precisó un senador alineado con uno de los mandatarios.
La ministra cerró el encuentro con el compromiso de llevar las observaciones a Caputo y a Diego Santilli y retomar el diálogo en la Cámara Alta. La negativa a tocar Ganancias quedó como el principal escollo y mantuvo abierta una pulseada que definió el futuro de la reforma.
