El ministro intentó desmentir la crisis del tejido productivo, pero omitió a las microempresas y utilizó cifras que confirmaron la caída. Los datos oficiales mostraron un deterioro sostenido desde la asunción del Gobierno.
El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, protagonizó otro episodio polémico al intentar relativizar el cierre de empresas en el país, en medio de una crisis económica que impactó de lleno en el entramado productivo. Su intervención en redes sociales no logró disipar las dudas. Al contrario, expuso inconsistencias que desataron cuestionamientos de economistas y especialistas.
El funcionario sostuvo que la caída en la cantidad de firmas era «un relato» y aseguró que «el número de firmas pequeñas, medias y grandes es estable o crece». Sin embargo, los propios números que difundió marcaron una tendencia opuesta. Las empresas pequeñas retrocedieron 1,9%, las medianas cayeron 1,1% y las grandes registraron una baja de 1,4%.
La contradicción no pasó desapercibida. Tres indicadores en negativo no reflejan estabilidad ni crecimiento, tal como señalaron distintos analistas. El economista Guido Zack lo resumió de forma tajante: “tres valores negativos no es algo estable o que crece”.
El punto más cuestionado del planteo oficial fue otro. Sturzenegger dejó fuera del análisis al segmento más numeroso del tejido productivo: las microempresas, aquellas que tienen hasta cinco trabajadores. Este universo representa cerca del 71% del total de empleadores registrados, por lo que su exclusión alteró de manera significativa la lectura general.
Los datos disponibles mostraron un escenario mucho más crítico. Entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025, desaparecieron 20.191 microempresas, lo que implicó una caída del 5,5% en ese segmento. En paralelo, otras 2.417 firmas de mayor tamaño dejaron de operar. En conjunto, el total de bajas alcanzó las 22.608 empresas en poco más de dos años.
El informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) confirmó además que la caída se extendió en 22 de los 25 meses analizados, con un retroceso acumulado del 4,4% del total de unidades productivas. La tendencia mostró un deterioro persistente, sin señales de recuperación.
Desde el Gobierno intentaron justificar la omisión de las microempresas. El ministro argumentó que ese segmento tiene menor peso en el empleo total y cuestionó la representatividad de los datos. “Las micro empresas no las tomé”, explicó, y sostuvo que su impacto “es limitado”.
La explicación no logró frenar las críticas. Especialistas remarcaron que el ajuste golpeó con mayor fuerza a los emprendimientos más pequeños, que cuentan con menos margen financiero para enfrentar caídas en la actividad. De hecho, ese segmento concentró casi el 90% de las empresas que cerraron.
El episodio dejó al descubierto una nueva controversia en torno a la lectura oficial de los indicadores económicos. Lejos de desmentir la crisis, la intervención de Sturzenegger reforzó la evidencia de un proceso de cierre de empresas que atraviesa a todo el país, con especial impacto en las unidades productivas más vulnerables.
