El gasto devengado de la Administración Nacional registró una suba real de alrededor del 3,6% en junio, aunque el acumulado del primer semestre todavía mostró una baja del 2,3%. La caída de los ingresos fiscales y el menor margen para profundizar el recorte del gasto comenzaron a presionar sobre el resultado de las cuentas públicas.
El Gobierno cerró el primer semestre con un ajuste del gasto público más moderado que el registrado durante 2025. Los datos correspondientes a junio reflejaron un incremento real del gasto devengado de la Administración Pública Nacional cercano al 3,6% interanual, un cambio de tendencia que coincidió con las advertencias del ministro de Economía, Luis Caputo, sobre las dificultades para profundizar los recortes.
A pesar de ese aumento mensual, el gasto acumuló una caída real del 2,3% durante los primeros seis meses del año, de acuerdo con las estimaciones de las consultoras Analytica e IARAF.
El escenario fiscal quedó condicionado por otro factor: la recaudación volvió a retroceder en junio, después del alivio transitorio que aportó mayo con el ingreso del impuesto a las Ganancias de las empresas. La postergación de vencimientos y la reducción de las retenciones impactaron sobre los recursos del Tesoro.
Caputo ya había anticipado ese panorama a fines de mayo. «Hay que recaudar más porque seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto de 15 puntos del PBI. Para dar una idea, es el nivel de gasto que había en los ’90 y es 10 puntos menos de lo que fue el pico hace ocho años», afirmó.
Las consultoras aclararon que el gasto devengado refleja los compromisos asumidos por el Estado, mientras que el gasto base caja contabiliza únicamente los pagos efectivamente realizados. Esa diferencia permite que, cuando una erogación queda comprometida pero no se cancela, aumente la denominada deuda flotante.
Los datos de junio mostraron justamente esa situación. Mientras el gasto devengado avanzó alrededor del 3,6% real, el gasto efectivamente pagado apenas registró una mejora cercana al 0,4%, según IARAF.
Al incorporar los intereses de la deuda, el gasto total creció un 4,2% interanual real. Ese resultado respondió, en gran medida, al fuerte incremento de los pagos por intereses.
Entre las partidas con mayores aumentos también aparecieron los subsidios económicos, que crecieron un 71,1% en términos reales, con un salto del 160,2% en los subsidios energéticos. Las asignaciones familiares y la AUH también mostraron una suba real del 8,9%.
En sentido contrario, la obra pública volvió a registrar uno de los mayores ajustes, con una caída cercana al 75% respecto de junio del año anterior. También descendieron las transferencias a las provincias, los salarios del sector público y los programas sociales.
El Gobierno enfrenta ahora un escenario más exigente para sostener el equilibrio fiscal. La desaceleración de la inflación elevó el impacto de la actualización de las jubilaciones sobre el gasto, mientras que el mayor costo de los subsidios energéticos respondió al incremento del consumo durante el invierno y a la asistencia destinada a los hogares de menores ingresos.
Con menores posibilidades de profundizar el ajuste y una recaudación que perdió dinamismo, la recuperación de la actividad económica pasó a ser un factor clave para sostener el superávit fiscal durante la segunda mitad del año.
La Secretaría de Hacienda difundirá en los próximos días el resultado fiscal de junio en base caja. Ese informe permitirá conocer si el superávit primario logró mantenerse durante el cierre del semestre y confirmar si la tendencia observada en el gasto devengado también se reflejó en las cuentas efectivamente pagadas.
