Sin la mediación presidencial, la disputa entre sectores oficialistas se vuelve parte del funcionamiento cotidiano de la gestión, aunque el jefe de Estado dio indicios de qué lado se encuentra.
La decisión del presidente, Javier Milei, de no involucrarse en las diferencias internas entre Karina Milei y Santiago Caputo que fueron in crescendo en los últimos meses empieza a consolidarse como una regla dentro del Gobierno. Ante la falta de intervención del jefe de Estado, los funcionarios entienden que deberán gestionar en medio de esa dinámica incómoda, con tensiones que atraviesan distintas áreas de la gestión.
En ese marco, desde las segundas líneas del oficialismo reconocen el impacto del conflicto en la toma de decisiones y el miedo se siente a la hora de tomar decisiones y dialogar. «Hay mucho cagazo. Es lamentable pero es la verdad porque en todos lados hay funcionarios de ambos sectores. Y nadie confía», admitió un ministro al portal nacional Infobae.
Sin embargo, este enfrentamiento entre los karinistas y los integrantes de Las Fuerzas del Cielo, referenciados en Caputo -el área digital del Gobierno-, viene desde hace mucho tiempo no solo por los hechos que ocurren a diario en la Rosada, sino también por la confección de las listas y los duros cuestionamientos de los «celestiales» por el armado político y la integración de exdirigentes del peronismo.
La desconfianza interna, según describen, también se refleja en cómo se interpretan las noticias que afectan a uno u otro sector del Gobierno.
Uno de los últimos episodios que expuso esas las diferencias fue el envío de pliegos impulsado por el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, cercano a Karina Milei. La filtración de información sobre los candidatos y las críticas por supuestos lazos con el kirchnerismo generaron malestar dentro de la Casa Rosada, donde algunos interpretaron esos movimientos como piedras en el zapato para la gestión.
La situación también alcanzó a la causa judicial que tiene el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En sectores del oficialismo existe incomodidad por el impacto de sus acciones en el Gobierno y cómo puede cambiar el escenario electoral para La Libertad Avanza. Sin embargo, la bajada de línea es bancar al vocero presidencial a pesar de que todavía no pudo justificar los ingresos con los que pagó los viajes a distintos países.
Aun así, Javier y Karina Milei decidieron sostener una posición de respaldo y en su informe de gestión, Adorni volvió a recibir guiños de los dos máximos exponentes de la administración libertaria.
Más allá de los nombres propios, el Gobierno muestra un esquema de poder partido, con dos polos que continúan con la puja de poder y tratan de imponerse. La postura de Milei, al no intervenir directamente, muestra un estilo de liderazgo que delega todo en su hermana, pero permite la coexistencia de distintas líneas internas.
El problema para el Gobierno es que, más allá de que el presidente siempre dijo que los liberales no son «manada«, la interna le provoca costos en términos políticos. Por citar algunos: cuando se filtró el video del jefe de Gabinete partiendo hacia Punta del Este, Uruguay, muchos se señalaban entre sí. ¿Quién lo filtró? Todavía no hay certezas. También las denuncias de Pareja a los trolls de la red social X que filtraron datos personales y derivó en enfrentamientos digitales entre los sectores.
Sin embargo, aunque siempre se mantuvo al margen de la interna desde el inicio de la gestión, hace unos días, Milei salió a bancar a Lilia Lemoine en un cruce vía X y mostró qué, más allá de que no quiere interferir, dejó en claro de qué lado está en el ecosistema libertario.
El oficialismo continúa su marcha con un equilibrio interno: administrar la gestión mientras se dan disputas políticas internas que, lejos de resolverse, parecen haberse naturalizado como parte del funcionamiento del espacio. Habrá que ver cómo coexistirán de cara a las elecciones del 2027.
