La jornada de lucha que unió a la salud y a la educación empezó por la mañana con clases abiertas de cátedras variadas. Así, bajo la sombra de las palmeras para protegerse del sol, cientos de estudiantes sentados en pupitres o en el suelo, tomaban nota y escuchaban atentamente a sus docentes de materias como Química Biológica, Cálculo Avanzado, Álgebra Lineal, Epistemología de las Ciencias Sociales, Fitopatología, Tectónica andina, Historia de la Psicología, Genética Molecular, Elementos de Prehistoria, Historia Antigua de Oriente, Sociología Rural, Antropología, Introducción al Pensamiento Científico, Sociedad y Estado, Genética, Mecánica y Termodinámica, Matemáticas y Semiología, entre otras.
Cerca del mediodía, Javier Milei, quien se encontraba en la Casa de Gobierno reunido junto a parte de su gabinete, salió al balcón presidencial a saludar creyendo que los presentes lo iban a felicitar por su cumpleaños número 54. Sin embargo fue abucheado por la comunidad educativa que rechaza el paso de la motosierra libertaria por las universidades. Ante esa situación, las fuerzas de seguridad tuvieron que apurarse para volver a poner el vallado que habían quitado frente al portón de la Rosada y así impedir el avance de los manifestantes. Milei, desconcertado, volvió a entrar a la sede gubernamental.
«Lo de Milei fue una provocación. Sabían que íbamos a hacer clases abiertas. Es un conflicto que el Gobierno sigue de cerca. El Presidente salió al balcón y se encontró con el abucheo y la demanda de que nos aumenten los salarios y no desfinancien a las universidades», dijo Laura, docente de Pensamiento Científico en el CBC de la UBA.
Tras el blooper del economista libertario, la jornada siguió según lo pactado por los distintos sindicatos convocantes. Los platos fuertes fueron la exposición titulada «La nueva era de las catástrofes», la Feria de Ciencia de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y charla denominada «Enseñarle economía a Milei» a cargo del vicerrector de la Universidad Nacional General Sarmiento, Germán Pinazo.
«La propuesta tuvo como objetivo desarticular algunas mentiras del Gobierno como la idea de que las universidades no queremos ser auditadas. El 95% del presupuesto universitario son salarios. Esos salarios son informados a la secretaría de Educación todos los meses con cuil y cuenta de depósito de cada trabajador. ¿Cómo se puede justificar recortes del 40% en términos reales cuando el 95% del gasto es informado todos los meses?», preguntó Pinazo en diálogo con este medio.
El vicerrector señaló que, en cuanto a presupuesto universitario, Argentina está por debajo del promedio de los países de la región mientras que tiene una de las matrículas más altas. Luego desestimó la idea del Presidente de que «no hay plata» y explicó que las universidades pueden ser financiadas con los impuestos que le quitaron a los sectores más ricos del país. «Está clarísimo que la cuestión universitaria no es un problema presupuestario. No hay motivos que justifiquen un recorte de esta magnitud», puntualizó.

También desmintió que las universidades adoctrinan a los estudiantes. «Hablan de adoctrinamiento pero los que repiten afirmaciones que no resisten un chequeo elemental y se violentan cuando alguien busca cuestionarlo son ellos. Por eso tenemos que salir a la calle para combatir el terraplanismo y las falacias del Gobierno en torno a la educación».
El principal motivo del reclamo fue la recomposición salarial. Según denunciaron los docentes y los trabajadores universitarios, desde el cambio del gobierno están 60 puntos por debajo de la inflación. «Nuestros salarios son los más bajos de todo el país y de toda la actividad docente. Llegamos a fin de mes como podemos, ajustándonos en todo. El 20 de cada mes ya no nos queda salario para usar», contó un docente de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.
«La mayoría de los trabajadores tenemos salarios de indigencia cuando años atrás algunos pagaban Impuesto a las Ganancias. Perdimos contra la inflación. Nos están ahogando. Es una pesadilla lo que estamos viviendo», sumó Valeria, trabajadora no docente de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Los presentes advirtieron que la lucha continuará con paros, marchas y tomas de edificios hasta que el Gobierno aumente el presupuesto para el normal funcionamiento de las universidades.