El Gobierno rompió el esquema de flotación del dólar y abrió un nuevo frente de desconfianza en los mercados. La jugada, decidida por el ministro de Economía, refleja el temor oficial a una escalada de la divisa en la previa de las elecciones bonaerenses.
El martes, el Palacio de Hacienda se convirtió en el epicentro de una jornada marcada por la tensión. El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, confirmó que el Tesoro intervino en el mercado cambiario con el objetivo de “contribuir a su liquidez y normal funcionamiento”. La maniobra, que ya se realizaba de manera encubierta, se hizo pública y oficializó la ruptura del esquema de flotación acordado con el FMI.
Las operaciones rondaron entre 100 y 130 millones de dólares, según estimaciones privadas. Para el analista Pablo Moldovan, “el desbalance del mercado cambiario está tan grande que (el gobierno) tiene que salir a vender igual”. Esa lectura sintetizó el clima de emergencia que rodeó a la decisión.
La reacción fue inmediata y negativa. Los bonos argentinos bajo legislación extranjera retrocedieron hasta 2,9% y el riesgo país subió a 837 puntos básicos. Las acciones que cotizan en Nueva York llegaron a desplomarse 8% en la rueda, con fuertes pérdidas en Telecom, Globant y Mercado Libre. Aunque hubo un rebote parcial hacia el cierre, el castigo dejó en claro el nivel de desconfianza.
El economista Juan Pablo Ronderos interpretó la medida como “la constatación de que el plan económico, ligado al acuerdo con el FMI, nunca nació”. En la misma línea, Christian Buteler recordó que “la semana pasada el mercado dejó en evidencia al Tesoro, que estaba vendiendo dólares y no lo había comunicado. Como ve la necesidad de seguir haciéndolo, ahora lo anticipa”.
En la Casa Rosada intentaron darle otra lectura. “Este es un periodo de zozobra, con mucho ruido político. Con esta decisión buscamos generar tranquilidad y paz”, argumentó una fuente oficial. El director del Banco Central, Federico Furiase, sumó que la venta de divisas fue “una situación puntual para proveer liquidez” y aseguró que “al fondo le pareció genial que sea transparente y se avise al mercado”.
Sin embargo, no hubo pronunciamiento del FMI. Para Martín Kalos, la operación no viola formalmente el acuerdo porque el organismo admitió intervenciones dentro de la banda para evitar volatilidad extrema. De todos modos, advirtió que “lo que está claro es que vienen semanas muy complicadas”.
La señal de fragilidad también encendió alarmas políticas. Analistas recordaron que el oficialismo enfrenta una prueba clave el 7 de septiembre en la provincia de Buenos Aires, antesala de las elecciones nacionales de octubre. El temor a una corrida en plena campaña se convirtió en la verdadera brújula de la estrategia económica.
En ese marco, el presidente del Centro de Corredores y Agentes de la Bolsa de Cereales, Marcos Hermansson, resumió la situación: “El mercado está desconcertado. A la incertidumbre económica se suma la política y en la provincia de Buenos Aires el Gobierno se juega la continuidad del rumbo”.
