El Presidente salió al balcón luego de recibir los atributos, lo acompañaron la primera dama, su hija y la vicepresidenta.
Tras jurar en el Congreso, Mauricio Macri fue recibido por una multitud en la Plaza de Mayo. El pronóstico anunciaba 33 grados de máxima y no falló. Bajo un sol radiante, miles de seguidores se reunieron este jueves al mediodía para esperar el desembarco del líder del PRO y su gabinete en la Casa Rosada.
Desde temprano, la Plaza se fue poblando de fanáticos que vinieron desde todos los barrios porteños, pero también del Interior y el Conurbano. El dispositivo de seguridad desplegó decenas de vallas para cercar las calles aledañas, dejando el paso libre dentro de un corralito al descapotable que trasladó a Macri y su esposa Juliana Awada.
La Cantera Popular de la UCR fue la primera en levantar su bandera roja y blanca frente a la Casa de Gobierno. Le siguieron el PRO de Santiago del Estero, el peronismo disidente de Almirante Brown, el partido correntino ECO, la Juventud del PRO y la radical.
El calor fue tan agobiante que la mayoría de los asistentes llevaban botellas en sus manos. Los vendedores ambulantes vendían el agua de medio litro a $ 20. Los más chicos se refrescaron en las fuentes de la Plaza, mientras los más grandes agitaban folletos o viejas boletas para aspirar mejor. Las más coquetas se abanicaban. Muchos aprovecharon las sombras de las altísimas palmeras que rodean la Pirámide para esconderse del sol rajante.
Antes de las 12, cuando la partida del vehículo de Macri del Congreso se tornó inminente, miles de personas se agolparon en las vallas que limitaban el camino a la Rosada. Sacaron fotos, cantaron "sí se puede, sí se puede", sacaron más fotos y le recordaron a Cristina que ya era "calabaza". Desde las oficinas cercanas bajaron a la calle y los que se quedaron salieron a los balcones. Todos querían ser testigos de la asunción del sexto presidente elegido por el voto popular desde el retorno de la democracia. Los empleados de la AFIP, Banco Nación, Ministerio de Economía y las torres que encajonan el paisaje subieron a las terrazas y azoteas. Otros se asomaron las ventanas, se apostaron en las puertas de los comercios o se treparon a los canteros, rejas y bancos públicos.
Juan Carlos, un empresario ruralista de 56 años, interrumpió su vigilancia permanente sobre la Avenida de Mayo para ver si "aparecía Mauricio" para compartir con este cronista su principal pedido al presidente electo. "Lo primero que hay que resolver es la economía", sintetizó.
María Emilia, de 33 años y empleada de una empresa tecnológica, le pidió "que si encuentra un ñoqui o un corrupto, lo eche del Gobierno". En otro tono, más juvenil y sin tapujos, Juan Ignacio, de 27 años, señaló que quiere que el presidente "saque al país adelante sin divisiones".
Para aplacar el calor, los bares del centro de la ciudad con aire acondicionado se llenaron de entusiastas vecinos de la ciudad y alrededores que no querían perderse el discurso en el Congreso. El clima era festivo y de alegría. Muchos llegaron con globos celeste y blanco o con banderas nacionales. En la Plaza, la vendía a $ 80. El bombón helado a $ 10.
El único momento de tensión se vivió cuando un grueso grupo de intolerantes insultaron y agraviaron a las madres de Plaza de Mayo que realizaron la tradicional ronda de los jueves una vez que el descapotable estacionó en el playón de Presidencia y las vallas se abrieron. Sin Hebe de Bonafini, las madres y un centenar de militantes kirchneristas se abrieron paso entre los macristas que les impregnaron todo tipo de afrentas. Incluso, intentaron frenar la marcha del paso lento de las "viejas". A coro, los celebrantes reunidos por Macri les gritaban: "Sí se puede, sí se puede". Los que acompañaba a esas mujeres que todavía buscan a sus hijos desaparecidos replicaban: "Madres de la Plaza, el pueblo las abraza".
El auge de la convocatoria por Facebook fue el recibimiento de los atributos, el bastón y la banda, y la ansiada salida al "balcón de Perón". Néstor y Cristina de Kirchner no lo hicieron. Macri se asomó con un micrófono en mano junto a Awada, la pequeña Antonia, Gabriela Michetti, el novio de la vice, Juan Tonelli, los fotógrafos y miembros del gabinete. "Siempre voy a ser sincero y mostrar tal cual son los problemas porque se que el pueblo argentino es lo suficientemente inteligente para trabajar juntos y resolverlos. Les quiero agradecer. Esta Argentina la construimos todos juntos", expresó eufórico antes de entregarse otra vez a la danza, con ayuda de una cumbia de Gilda.
