La investigación sobre el patrimonio de Manuel Adorni sumó un elemento clave en las últimas horas. Las fotos de las refacciones del departamento de Caballito quedaron en el centro de la escena judicial y profundizaron las dudas sobre la operación inmobiliaria.
El expediente avanzó en el juzgado de Ariel Lijo con la intervención del fiscal Gerardo Pollicita. En ese marco, se incorporaron imágenes que muestran el estado del inmueble antes y después de las obras. Esas pruebas se exhibieron a las personas que figuran como vendedoras.

El material fotográfico expuso cambios notorios en distintos ambientes. El living, la cocina, los dormitorios y el baño mostraron intervenciones significativas. Las reformas se realizaron en un lapso breve y antes de la transferencia final a Adorni, según las declaraciones incorporadas a la causa.
Una de las vendedoras, Claudia Sbabo, sostuvo ante la Justicia que las remodelaciones se hicieron luego de la compra inicial del departamento. Esa afirmación ubicó las obras en un momento previo a la reventa. La propiedad pasó a manos del funcionario pocos meses después, con una diferencia de valor de 30 mil dólares.
Las imágenes originales provenían de publicaciones de la inmobiliaria que ofrecía el inmueble en Caballito. Allí se lo describía como un «semipiso hermoso (de) cuatro ambientes al frente con cochera y baulera». También se lo presentaba como «muy bueno». Ese contraste con el estado previo que mencionó el antiguo dueño sumó interrogantes.

El análisis de las fotos tomó relevancia porque permitió reconstruir el estado real del departamento antes de la operación y el nivel de inversión en mejoras. La fiscalía buscó determinar quién financió esas obras y con qué objetivo se ejecutaron en un período tan corto.
En paralelo, la causa avanzó con testimonios que apuntaron a intermediarios vinculados a la operación. El ex propietario recordó que en la firma de la venta participaron dos jóvenes junto a las jubiladas que figuran en los papeles. Uno de ellos se llamaba «Pablo», según su testimonio.
La escribana Adriana Nechevenko aportó otro dato. «El hijo de una de las vendedoras es amigo de Adorni, porque los chicos van al mismo colegio», afirmó. Esa relación quedó bajo análisis en el expediente.
A su vez, la investigación puso la lupa sobre el circuito de compra y reventa. No surgieron explicaciones sobre por qué el departamento cambió de manos en pocos meses. Tampoco se aclaró el origen de los fondos destinados a las refacciones.
Las imágenes del antes y después se transformaron en una pieza central. El contraste visual entre ambas etapas reforzó las sospechas sobre la operatoria y su cronología. La causa siguió abierta y sumó nuevos elementos que complejizaron la situación del jefe de Gabinete.