El bloque de la Unión Cívica Radical logró evitar su ruptura inminente al acordar una mesa de diálogo entre sus distintas facciones internas. Sin embargo, las tensiones persisten y algunos diputados advierten que la unidad podría desmoronarse en el corto plazo. Los sectores liderados por Martín Lousteau y Facundo Manes insisten en la expulsión de cinco legisladores que apoyaron los vetos presidenciales, mientras el bloque busca mantener la cohesión en medio de fuertes discrepancias.
El bloque de la Unión Cívica Radical (UCR) en la Cámara de Diputados logró evitar una ruptura inminente al acordar la creación de una mesa de diálogo, en la que estarán representadas todas las facciones internas. Sin embargo, las tensiones continúan, y algunos integrantes del bloque liderado por Rodrigo de Loredo no descartan que el quiebre se materialice en un futuro cercano. “Nadie puede asegurar qué va a pasar en un mes”, afirmó uno de los legisladores que abogó por mantener la unidad.
La primera prueba de fuego para este acuerdo tendrá lugar mañana en una reunión matutina de la nueva mesa de diálogo. Allí se discutirá, entre otros temas, si el bloque enviará un representante institucional a la Casa Rosada, evitando que alguno de los diputados asista por su cuenta a las reuniones convocadas por el Ejecutivo. Aunque algunos sectores insisten en la expulsión de los cinco diputados que respaldaron los vetos presidenciales a la reforma jubilatoria y al financiamiento universitario, no se ha alcanzado el consenso necesario para avanzar en esa dirección.
Estos cinco legisladores, identificados despectivamente como los «radicales peluca«, han sido el centro de las tensiones dentro del bloque. Sectores vinculados a Martín Lousteau y Facundo Manes exigen su expulsión, argumentando que no se puede tolerar la presencia de diputados «topos» en las filas del radicalismo. A pesar de la presión, la conducción del bloque, liderada por De Loredo, ha rechazado la posibilidad de expulsarlos, optando en cambio por buscar una vía de consenso que permita mantener la cohesión del grupo.
El bloque cuenta con 33 integrantes, y se requiere una mayoría de 17 votos para expulsar a los diputados en cuestión. Sin embargo, en las reuniones recientes quedó claro que no existe el apoyo suficiente para concretar esa medida. Ante esta situación, el sector más confrontativo planteó un ultimátum: si no se expulsa a los cinco «pelucas«, entre 10 y 13 diputados podrían formar un bloque independiente. “Son ellos o nosotros”, declaró uno de los diputados que apoya la ruptura.
En lugar de proceder con las expulsiones, se optó por establecer la mesa de diálogo como una vía para mediar en los conflictos. Esta mesa abordará tres ejes fundamentales: el respeto a las decisiones adoptadas por la mayoría, la disposición a preservar la unidad del bloque y el fomento del diálogo. Además, se espera que en este espacio se discutan otros aspectos del funcionamiento interno del bloque, como la distribución de los cargos en las comisiones y el manejo de la Secretaría Parlamentaria.
El sector de Lousteau y Manes continuará insistiendo en la expulsión de los «pelucas«, pero también exigirá una reorganización del bloque. Argumentan que De Loredo ha favorecido a su propio sector, vinculado al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, en la asignación de puestos clave, ignorando el equilibrio interno. Soledad Carrizo, aliada de De Loredo, ha sido señalada como una de las principales beneficiarias de esta distribución.
Mientras tanto, el presidente Javier Milei mantiene el control de 85 diputados entre sus aliados del PRO y los bloques satélites. Con el apoyo de los cinco «pelucas» radicales, podría llegar a los 90 votos, superando los 87 necesarios para sostener sus vetos. El comportamiento de estos legisladores será crucial en las próximas votaciones.
Mañana, la unidad del bloque radical será nuevamente puesta a prueba. Antes de la reunión en la Casa Rosada, se celebrará un encuentro clave en el que se debatirá la estrategia a seguir. Desde el sector de Manes han adelantado que mantendrán conversaciones con los representantes de Lousteau para intentar llegar a un acuerdo. Un legislador que participó en las negociaciones describió el ambiente con una metáfora: «Hoy izamos la bandera blanca, pero apenas fue eso».
La estabilidad del bloque, aunque momentáneamente asegurada, sigue siendo frágil. La capacidad de los líderes para contener las tensiones internas y lograr acuerdos será determinante para evitar un quiebre definitivo en el futuro cercano.
