Todas las revoluciones que han surgido a lo largo del tiempo, fueron para conseguir mayores derechos.
Por Ramón Gómez, CGT Regional San Martín
Todos los pueblos tienen una historia. Y todas esas historias cuentan que los pueblos que llegaron a conseguir su propia dignidad y esa categoría, han tenido que gestar revoluciones que en todos los casos derramaron sangre. Sangre de ese mismo pueblo.
Todas las revoluciones que han surgido a lo largo del tiempo, fueron para conseguir mayores derechos.
En el caso de nuestro país y en primer término, fueron para abolir el trabajo infantil (pero infantil de verdad), ya que los patrones de esa época aparentemente vencida, explotaban en sus producciones a niños muy pequeños. Para que no nos hicieran trabajar de sol a sol y que la única paga fuera para podamos solamente reproducir nuestra propia fuerza del trabajo. Es decir, que nos alcance para comer lo mínimo e indispensable que nos permita tener fuerzas de levantarnos y trabajar al día siguiente. Al cual siempre lo seguía un día siguiente, siempre laboral.
Ya más adelante, y de la mano de Juan Domingo Perón, la revolución gestada fue para conseguir que a los trabajadores se nos reconozca como sujeto de derecho. Para que podamos tener la posibilidad de que nuestro trabajo diario, nos alcance para alimentarnos, vacacionar, tener acceso a una obra social y permitirnos soñar con educar a nuestros hijos de modo en que puedan llegar a ir a la universidad inclusive.
Cabe destacar que antes de lo que hasta aquí está brevemente mencionado, los obreros éramos una capa invisible dentro de nuestra Argentina. Que cuando esos poquitos privilegiados de hoy te dicen que en esa época éramos de los países más ricos, tomando el indicador del PBI per cápita; NO CONTABAN NUESTRAS CÁPITAS. Para ellos no contábamos y entonces la división daba alta, pero nosotros solo ocupábamos el lugar de invisibles. El lugar de los sin alma, según su desprecio.
En todas las revoluciones, los jóvenes han ocupado un rol fundamental.
Jóvenes comprometidos con la causa de la clase trabajadora que en fin, era su propia clase; se formaban para entender la realidad y sobre todo, el por qué de esa realidad y a partir de allí dar las luchas para cambiarla.
No hay que caer en la trampa de que todo es lo mismo. Pero si es evidente que gran parte de los jóvenes de hoy, y de una forma un tanto extraña pretende hacer una revolución, pero al revés. Que sin comprender los por qué de una dura realidad, creen que la revolución pasa por Tik Tok e ir el día de las elecciones y votar por un candidato o candidata que ha dicho alto y claro cuántas veces pudo, que quiere eliminar los derechos que tienen los trabajadores formales y también a los informales, porque pretenden dejarle la regulación de nuestras vidas al mercado.
En realidad, no es tan difícil darse cuenta que el mercado son ellos y nosotros somos el pueblo que lo va sufrir.
La revolución pretendida es votar por enojo con la realidad al candidato que te dice que va a eliminar ministerios, porque no es tan importante que sean ministerios o no. Pero va a eliminar los ministerios que se ocupan de darnos mayores posibilidades de acceso a la salud, al trabajo digno y a la educación. Los otros que son para favorecer al mercado, esos si siguen.
Quieren retrotraer al pueblo a antes de Perón, que encontró al inicio de sus gobiernos que había un ministerios para atender por ejemplo, a los asuntos económicos de la producción agraria y ganadera, pero no había ministerios que se ocuparan de las necesidades de la gente obrera que era explotada en ellas, la de la clase trabajadora. Esa que hasta allí era invisible.
Perón (sarcástico) se preguntó; ¿cómo va a haber un ministerio para las vacas (en relación a hacienda) y no va a haber ministerios para la gente? Entonces creó los ministerios de Salud, Educación y Trabajo entre otros.
Hoy para muchos jóvenes “y otros no tanto”, la revolución es votar ignorando los por qué de la realidad, a un candidato que quiere llevarnos allá atrás. Y además de una forma que sorprende, ya que en muchos casos hacen gala de esa ignorancia, de ese desconocimiento. “¡Yo no sé nada! Pero voy a votar a…
La verdad es también otros no tan jóvenes también, olvidan o intentan desconocer de manera desconsiderada de dónde venimos. Porque les tengo una noticia; salvo casos aislados, los hijos de jueces son jueces, los hijos de los abogados son abogados, los hijos de millonarios son millonarios. Pero los hijos de Trabajadores; somos Trabajadores!
Y que quiero decir con esto último? Que por aspiracional que sea la Clase Trabajadora, podemos desembocar en clase media y ello es solo por los derechos conquistados por sus padres, abuelos o tíos en una revolución que encarnó nuestra antepasada familia obrera. Que se llevó muchas de sus vidas para que hoy tengamos esos derechos que hoy nos parecen normales.
Deshonramos sus memorias si creemos que la revolución hoy, es votar a quienes reivindican a quienes los torturaron y mataron por luchar para que hoy tengamos un piso de derechos.
Hay que cambiar la realidad que es mala, si. Pero con compromiso para comprender al menos éstas cosas. Después nos organizamos para reclamar por mejores condiciones de vida, pero al menos ante un estado que no esté manejado por personas que crean que además de que estemos mal no podes manifestarte porque te meten balas y palos. Hay que ir al archivo del año 2018 y ver por qué no promulgaron la nueva ley laboral que te sacaba el piso de derechos que hoy tenemos que defender.
¡Despertate! Comprometete y hagamos la revolución que hace falta, pero no La Revolución al Revés.
