Las controversias patrimoniales de Manuel Adorni y los indicadores económicos adversos enfrían el respaldo de los bloques dialoguistas; aun así, Patricia Bullrich se muestra confiada en reunir los votos que busca la Casa Rosada
El tratamiento de la reforma política en el Senado encuentra al oficialismo en un escenario adverso, marcado por tensiones internas y un contexto económico que complica la construcción de consensos. El aumento sostenido de la inflación durante los últimos diez meses y las controversias que rodean al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, aparecen como factores que condicionan la estrategia legislativa de La Libertad Avanza, cuyo bloque en la Cámara alta está encabezado por Patricia Bullrich.
Si bien la senadora mantiene una postura optimista y confía en poder revertir la dinámica actual, lo cierto es que en las últimas semanas se evidenció una desaceleración en el avance de la agenda oficialista, en paralelo con la aparición de cuestionamientos patrimoniales que involucran a Adorni.
A este panorama se suma la acumulación de iniciativas que impulsa el gobierno de Javier Milei, en un intento por instalar temas que desplacen el foco de las disputas internas en la Casa Rosada y del impacto del freno económico en los sectores aliados. “Patricia ha mostrado muñeca y es buena haciendo malabares, pero tener tantas pelotitas en el aire podría terminar en que, al final, no salga nada”, advirtió un senador libertario, al enumerar la cantidad de proyectos enviados recientemente al Congreso.
La carga legislativa es considerable. Antes de la reforma política, el Ejecutivo ya había remitido propuestas sobre inviolabilidad de la propiedad privada —que implica cambios en seis leyes—, modificaciones en la normativa de salud mental, un acuerdo de pago con los últimos bonistas del default de 2001 y más de cien pliegos para cubrir cargos en la Justicia nacional y federal.
Como si esto fuera poco, también ingresó un proyecto para sancionar el fraude en pensiones por invalidez. Sin embargo, detrás de esa iniciativa, algunos sectores ven un intento de eludir la aplicación de la ley de emergencia en discapacidad aprobada por el Congreso el año pasado, que junto al financiamiento universitario representó uno de los principales traspiés legislativos del oficialismo en 2025.
En ese contexto, dentro del propio espacio libertario surgen críticas por la forma en que se impulsan las reformas. “Volvieron los errores del año pasado: envían proyectos sin consultar a nadie y se piensan que nosotros podemos hacer magia con 21 votos”, cuestionó un operador oficialista, en alusión a la intención de eliminar las PASO incluida en la reforma política.
Tal como viene anticipándose, ese punto genera resistencias importantes. La UCR, el peronismo en sus distintas variantes y bloques independientes rechazan la eliminación de las primarias, al considerarlas una herramienta clave para ordenar sus disputas internas de cara a futuros comicios.
“Esto sólo le sirve al Gobierno”, sostuvo la senadora radical Carolina Losada, mientras que su correligionario Maximiliano Abad reforzó esa postura: “Sin internas primarias deciden las cúpulas partidarias, estoy en contra”. Su posicionamiento suele ser interpretado como un indicador del clima político que enfrentará el oficialismo en el recinto.
A pesar de este panorama, Bullrich mantiene la confianza en poder reunir los apoyos necesarios, aunque reconoce que cada proyecto requerirá una ingeniería política distinta. Sus cálculos parten de un universo de 42 senadores: 21 propios, 10 radicales, tres del PRO y ocho representantes de fuerzas provinciales e independientes. Quedan fuera de esa ecuación los 28 legisladores peronistas abiertamente opositores y los santacruceños José María Carambia y Natalia Gadano, quienes no se alinean con el Gobierno pero tampoco adoptan una postura tan confrontativa.
Para avanzar con la reforma electoral, el oficialismo necesita al menos 37 votos afirmativos, un número que Bullrich considera alcanzable. Confía en que algunos aspectos del proyecto, como los cambios en las reglas para la conformación de partidos, podrían sumar respaldo de distintos sectores, incluidos los provinciales.
No obstante, hay puntos que generan incertidumbre. A la resistencia frente a la eliminación de las PASO se suma el debate por el financiamiento privado de las campañas, un tema históricamente sensible en las discusiones electorales.
Uno de los activos de Bullrich es su capacidad de negociación. Desde su llegada al Senado, en diciembre pasado, mostró predisposición para dialogar con bloques opositores y recoger sus demandas, trasladándolas luego al Ejecutivo.
“Hay una diferencia notable con los vecinos de Diputados. Mientras a Martín Menem se le caen capítulos del Presupuesto en pleno recinto porque no se anima a discutir las órdenes de la Casa Rosada, la Bullrich logró que la escuchen cuando les dice que tienen que cambiar algo porque no están los votos”, destacó un senador peronista.
Esa dinámica quedó en evidencia durante el tratamiento de la reforma laboral y la reducción del impuesto a las Ganancias, cuando tras varias semanas de conversaciones el oficialismo terminó retirando puntos clave al constatar que no contaban con respaldo suficiente.
En una entrevista, la senadora Bullrich, graficó esa situación con ironía. Ante la consulta sobre cuántos votos tenía para avanzar con Ganancias, respondió: “Ninguno”, dejando en claro que en ese momento apenas contaba con los apoyos propios.
De cara a los debates que se vienen, la senadora deberá volver a poner en juego esa habilidad para persuadir tanto a Javier Milei como a Karina Milei de la necesidad de ceder en algunos aspectos para lograr avances legislativos. Al mismo tiempo, el éxito de la estrategia dependerá de factores que exceden al Congreso, como una eventual mejora en la economía y el impacto político de las polémicas que involucran a Adorni.
