JP Morgan sorprendió a los operadores financieros con un giro brusco en su estrategia hacia la Argentina.
JP Morgan sorprendió a los operadores financieros con un giro brusco en su estrategia hacia la Argentina. El mayor banco de inversión de Estados Unidos decidió abandonar parte de sus apuestas en moneda local y aconsejó a sus clientes reducir la exposición a bonos en pesos. La entidad planteó que las señales que antes sostenían el optimismo se debilitaron por factores internos y externos.
El informe más reciente, titulado Tomándose un respiro, se difundió el 27 de junio. Allí, JP Morgan explicó que el momento de máximos ingresos de divisas del agro ya concluyó. La salida de dólares por turismo y el temor a un escenario político conflictivo antes de las elecciones legislativas de octubre complicaron el panorama. Según el banco, el “carry trade” perdió atractivo porque la rentabilidad disminuyó y aumentó la volatilidad del peso frente a otras monedas emergentes.
Los analistas remarcaron que en abril respaldaron el posicionamiento en activos en pesos, tras la implementación del régimen de flotación del dólar. En ese momento, la expectativa indicaba que el Gobierno lograría un anclaje del tipo de cambio. Incluso, el propio JP Morgan compró Lecaps con vencimiento en agosto, buscando tasas que superaran la inflación y la devaluación. Esa estrategia encontró respaldo en las liquidaciones del agro y en un escenario externo más benigno.
Pero el contexto cambió con rapidez. El peso figuró entre las monedas con peor desempeño en dos meses recientes. La divisa oficial llegó a los $1.200 y el Banco Central debió intervenir con ventas de futuros por más de u$s1.500 millones. A la vez, el fin de la reducción de retenciones a la soja limitó el flujo de dólares comerciales. El riesgo país se mantuvo en torno a los 700 puntos básicos, un nivel que reflejó la cautela de los inversores.
El reporte señaló: “Mantenemos una visión constructiva sobre las perspectivas de mediano plazo de Argentina, considerando la desinflación y el avance fiscal. Sin embargo, con el pico de ingresos agrícolas ya atrás, la probabilidad de salidas continuas por turismo, posibles ruidos electorales y cierto bajo rendimiento del peso que motivó intervenciones cambiarias en el dólar futuro, preferimos dar un paso atrás y esperar mejores niveles de entrada para volver a posicionarnos”.
JP Morgan reconoció los logros del Gobierno en el frente fiscal y la inflación. La variación del índice de precios al consumidor perforó el umbral del 2% en mayo. El superávit primario llegó al 0,8% del PBI en el mismo período. No obstante, la acumulación de reservas quedó lejos de las expectativas a pesar del giro de u$s13.500 millones que el FMI envió en abril. Esta fragilidad restó capacidad de respuesta ante un shock externo o ante un recrudecimiento de la salida de capitales.
El informe también cuestionó la premisa oficial de un tipo de cambio estable. El aumento del dólar mayorista en casi 4% en dos semanas superó los rendimientos mensuales de los bonos en pesos. Además, la demanda por viajes al exterior creció con fuerza. En el primer trimestre del año, las compras de divisas para turismo alcanzaron los u$s3.500 millones.
La incertidumbre política se consolidó como el factor que encendió las alertas en Wall Street. Los ejecutivos del banco advirtieron que el resultado electoral podría complicar la aprobación de reformas que el Gobierno considera centrales. Entre ellas figuran los cambios en la legislación laboral y la reducción de los subsidios económicos. Los inversores empezaron a descontar un escenario de menor consenso político. La caída en la cotización de los bonos soberanos en dólares reforzó esa percepción.
En relación con el “carry trade”, el banco sostuvo que el margen de beneficio se redujo en comparación con abril. Las Lecaps, que en su momento ofrecían tasas superiores al 40% anual, quedaron expuestas al deterioro de la confianza en el peso. La menor entrada de divisas redujo la disponibilidad de dólares en el mercado oficial y en las operaciones de contado con liquidación.
En el documento se aclaró: “Estamos tomando ganancias en nuestra recomendación larga de LECAP… mantenemos una visión positiva sobre las perspectivas de mediano plazo de Argentina, pero preferimos reducir exposición por el momento”.
A pesar del retroceso táctico, JP Morgan evitó un diagnóstico catastrófico sobre el futuro económico. La entidad remarcó que el fin de los controles de capital, previsto para fin de año, podría abrir una ventana de oportunidades para recomponer carteras en activos locales. Sin embargo, el contexto global añadió otro elemento de presión. Su CEO, Jamie Dimon, advirtió: “Van a ver una crisis en el mercado de bonos”.
En las mesas de dinero locales, la lectura fue inmediata. Varios operadores pronosticaron jornadas de volatilidad. Algunos proyectaron subas en los dólares financieros y caídas en las cotizaciones de los títulos públicos en pesos. En el Palacio de Hacienda, la inquietud llevó a contactos con la entidad en Nueva York para conocer con detalle los argumentos de la recomendación.
Los economistas del banco remarcaron que, aunque el superávit fiscal representó una señal positiva, cualquier relajación en la meta podría detonar un nuevo episodio de desconfianza. La salida de dólares por turismo y la caída de precios internacionales de los commodities agrícolas redujeron el colchón cambiario. La tendencia bajista en los precios de la soja y otros productos del agro complicó la capacidad de estabilizar el mercado sin recurrir a medidas de emergencia.
Para JP Morgan, el desafío de corto plazo radicó en mantener la disciplina fiscal y preservar la credibilidad en la política monetaria. Mientras tanto, la entidad instó a conservar liquidez y a limitar la exposición a instrumentos en pesos hasta que el panorama político y económico muestre señales más claras tras las elecciones.
