Después del alto impacto político que le causó a Cristina la designación del Papa Francisco, durante el viaje a Roma pudo tomar real dimensión de cómo había cambiado la relación de fuerza entre la Rosada y la Iglesia con semejante cambio. Su primer encuentro conmocionó al kirchnerismo, que quedó dividido en las primeras horas. Hubo saltos increíbles entre quienes se mandaron solos a criticar a Bergoglio, sin conocer cómo sería la evolución del pensamiento íntimo de la presidente. Algunos dirigentes rozaron el patetismo, pero terminaron por convencerse que “está buenísimo tener un Papa peronista, de gran relación con los curas villeros y la gente pobre”.
“El que gana gobierna, y el que pierde acompaña”, reza una máxima del peronismo. Puede parecer duro el análisis, pero nunca más acertado para la ocasión ahora que tenemos bien en claro que el mundo tiene un Papa franciscano, peronista y de San Lorenzo.
Fue tan impactante en la sociedad argentina la designación del Papa Francisco que con el paso de los días criticar al ex cardenal Bergoglio pasó a ser absolutamente impopular. Fue vano el intento de Verbitsky y los sectores más duros del kirchnerismo de insistir en una supuesta complicidad del ex Arzobispo porteño con la dictadura. A medida que se acercaba el día de la asunción oficial, mejoraban las expectativas y se triplicaban las voces de apoyo. Gran parte del pueblo expresaba su alegría y confianza en que “comenzará una nueva etapa para la Iglesia en su relación con la gente”.
“Una Iglesia pobre para los pobres”, frases como esa, gestos de cambio, y otras señales diversas fueron bien recibidas.
Todo parece estar ahora en sintonía entre el Gobierno nacional y el nuevo papado, pero hace una semana la situación era claramente otra. Hubo una carta muy fría de la presidenta el día de la designación y desde Tecnópolis Cristina quiso ser amable, pero no lo logró transmitir. Terminó desde la tribuna dando órdenes de cómo tendría que ser su papado en relación a los poderosos del mundo.
Ese mismo día en la Cámara de Diputados, ni Julián Domínguez ni Agustín Rossi quisieron interrumpir la sesión para ver la transmisión por televisión como le pedía la oposición. El anuncio de las 16:12 los dejó sin reacción. En las redes sociales los cibermilitantes quisieron ser “más papistas que el Papa”, se mostraron agresivos, apoyando a Cristina y el proyecto nacional, defenestrando la figura del elegido. Hasta llegaron a inventar una foto de Videla tomando la comunión a manos de un falso Bergoglio.
Mientras tanto, se sucedían hechos contundentes. El padre Pepe le dijo a LaNoticiaWeb: “En Buenos Aires, Bergoglio optó siempre por los más pobres”.
Parece ahora haber una lucha por apropiarse de la figura del Papa Francisco, ya lo dijo ayer el filósofo José Pablo Feinmann. La oposición no le va en zaga. El miércoles celebraba como una victoria propia una elección de cardenales. Cristina ni lerda ni perezosa los sacó de los primeros planos después del encuentro del lunes.
¿Qué decir de Luis D’Elía? En un primer tweet se permitió comparar a Francisco con Juan Pablo II. El flamante Papa podría ser para los actuales gobiernos latinaoamericanos lo que Karol Wojtila para Polonia y el fin del comunismo en alianza con Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Terminó escribiendo: “Francisco logrará terminar con el esquema perverso de la Cristiandad para volver al Cristianismo de los primeros 3 siglos de la Iglesia (sic)”.
Lo de Horacio González en la Biblioteca Nacional no es objetable desde el punto de vista ideológico, son sus pensamientos. Pero hubo exabruptos como éste: "Estoy escandalizado por los carteles que hay en Buenos Aires y por las personas que inventaron un Papa Peronista". En un tono efusivo, como se lo pudo observar en el video difundido en YouTube, González pidió “ver cuántos viajes de subte va a hacer allí" y "si va a tomar el colectivo 12. ¿Cuántas pasaron por tu vida que eran flor de crápula y hablaban perfecto lunfardo?”.
La elección del cardenal Bergoglio fue tan impactante en el país, que pareció de una torpeza política increíble subirse a los desencuentros del pasado entre los sucesivos gobiernos K. Más de una decena de pedidos de audiencia a la presidenta que no fueron contestados. Néstor Kirchner lo llegó a llamar “líder de la oposición”, antes de demonizar a Magnetto.
El perfil de Bergoglio es claro. Un conservador, fiel a la doctrina de la Iglesia, quien se opone a una Ley de Aborto como se opuso a la de Matrimonio Igualitario. Posee una clara vocación por los pobres, austero y medido, de pasado en la peronista Guardia de Hierro. Jesuita y “guardián”, algo que el “Perro” Verbitsky parece no poder perdonarle. En la década del 70 estuvieron en las antípodas, pero bien viene recordar el pasado en común de nacionalistas católicos de “peronistas derechosos” y Montoneros.
Quienes demostraron lo apoyaron desde el primer momento fueron el vicegobernador Mariotto, los integrantes del Movimiento Evita, el “Chino” Navarro y Emilio Pérsico, y un sacado Guillermo Moreno, quien hasta puso la bandera del Vaticano en el Mercado Central. Pérsico fue contundente: “He militado durante toda la dictadura y no he encontrado ninguna prueba de las denuncias de Verbitsky”. Resaltaron su apoyo al trabajo social en las villas, su posición ante la ley de medios y hasta su extracción peronista.
A LAS APURADAS, A ALQUILAR PANTALLAS GIGANTES DESPUÉS DEL PRIMER ENCUENTRO
Cristina quedó emocionada e impactada por el encuentro con Francisco. “Esto va ayudar para ver un poco qué pensamos en este momento los padres latinoamericanos”, le dijo a nuestra primera mandataria al obsequiarle un ejemplar del documento de la Conferencia Episcopal que habla del pensamiento de los obispos de la región.
Las primeras señales de ese primer encuentro fueron tan claras pero bien diferentes a la historia de desencuentros entre ambos, que la dirigencia kirchnerista intermedia salió urgente a dar muestras de haber interpretado los cambios de la presidenta.
“Nunca me había besado un Papa…”, “¿Lo puedo tocar?...”. El video del encuentro fue contundente. De ahí en más sólo quedaba aprontar la organización para pasar la víspera del martes -día de la histórica asunción- junto a la gente con transmisión de Canal 7 en pantalla gigante, de ser posible en algún barrio humilde o en alguna villa del Conurbano.
La Cámpora dio un giro en el aire. Estaba en una encrucijada, pero lo resolvieron rápido, como corresponde a una organización vertical. El Cuervo Larroque eligió Barracas, donde el padre Pepe tuvo una labor trascendente en su lucha contra el narcotráfico.
El Movimiento Evita, con el diputado Leonardo Grosso a la cabeza, optó por José León Suárez. Todo se resolvió a último momento. “Unidos y Organizados”, quien sabía desde el miércoles que el Papa oficializaría su nominación seis días después, decidió todo a último momento.
En América Latina está el 42% de los católicos del mundo. Rafael Correa, quien encabeza ahora el ala izquierda de los gobiernos en Latinoamérica, fue con su madre al saludo con el Papa. Dilma Rouseff estaba exultante y ya se aseguró su visita para julio. Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, celebró la nominación del primer Papa latinoamericano y dijo que Chavez “desde el Cielo lo había rosqueado” con Jesucristo. Cristina se emocionó hasta las lágrimas en el nuevo saludo. En la misa en la plaza San Pedro se besó durante la paz con la ex jueza Alicia Oliveira, a quien subió a la comitiva horas antes de partir. Días antes, la ex funcionaria había defendido a Bergoglio. Su comentario había sido contundente: “Cuando alguien se tenía que ir del país, él siempre estaba”.
La realidad del Vaticano es compleja. Francisco llega al poder en medio de una Iglesia con crisis financiera, delitos económicos del Banco Vaticano, alianzas con intereses mafiosos, pedofilia y sus juicios, el celibato sacerdotal, la incorporación pendiente de la mujer al sacerdocio y el postergado aggiornamiento reclamado por Juan XXIII, entre otras cosas. Por lo que difícilmente Francisco tenga tiempo suficiente para ocuparse sólo de nosotros. Nadie sabe hasta qué punto esta nueva realidad pueda terminar influyendo sobre la nueva realidad política y social de la Argentina, pero “el tsunami papal” ya está entre nosotros.
Ojala esto sirva para aportar a un nuevo momento político en el país, donde se pueda retomar el camino del diálogo y la concordia. Parece difícil volver a ver a Cristina enojada después de las contundentes imágenes espontáneas que nos dejó la última semana. Algo queda claro, estamos en campaña. El 2013 es hoy y el 2015 está a la vuelta de la esquina.
