El partido centenario se convierte nuevamente en el furgón de cola, ahora del Gobierno de Javier Milei, tras haber acordado en Diputados y el Senado postergar proyectos incómodos como el presupuesto universitario y la fórmula jubilatoria. Los gobernadores presionan.
La Unión Cívica Radical (UCR), tras la aprobación de la Ley Bases, decidió fortalecer su alianza con el Gobierno nacional, abandonando una agenda propia o acciones vengativas contra el oficialismo. No cabe duda que en la última semana, la UCR defendió los intereses del oficialismo en dos ocasiones clave: en el Senado, Victoria Villarruel logró aplazar el aumento de las jubilaciones, y en Diputados, Martín Menem desactivó la sesión por el presupuesto universitario.
Estas acciones que favorecieron al Gobierno nacional de Javier Milei fueron posibles gracias a la decisión de los presidentes de bloque radicales en el Senado y Diputados, Eduardo Vischi y Rodrigo de Loredo, respectivamente, lo que generó fricción interna entre los radicales que consideran que la UCR se está subordinando a otro partido como ocurrió con el PRO en la alianza Cambiemos o Juntos por el Cambio. Sin embargo, la línea libertaria de los gobernadores se impuso, y el mensaje es no causar problemas al gobierno hasta el mes de agosto.

De Loredo, hace unas horas, había decidido cancelar la sesión para tratar proyectos de extensión del Fondo Nacional de Incentivo Docente y de aumento del presupuesto universitario. Esto fue solicitado por los gobernadores radicales para evitar tensiones con el Gobierno antes del Pacto de Mayo en Tucumán. Estos proyectos educativos implicaban un gasto adicional para el Estado, y Milei ya había advertido que vetaría cualquier iniciativa que pudiera comprometer el superávit, incluyendo la financiación de universidades, aumentos salariales para docentes y compensaciones para jubilaciones.
Los gobernadores, encabezados por Alfredo Cornejo y Gustavo Valdés, impusieron la línea libertaria dentro de los bloques de ambas cámaras. De Loredo y Vischi actuaron como representantes de esta línea, promoviendo las leyes de Milei y sofocando las rebeliones internas. Sin embargo, no siempre han tenido éxito. En Diputados, De Loredo enfrenta un desgaste interno que parte al bloque, con tres corrientes diferentes compitiendo por definir el rumbo del partido centenario: la mileísta, la línea Evolución de Emiliano Yacobitti y los seguidores de Facundo Manes.

En el Senado, la situación es diferente: exceptuando a Martín Lousteau y, ocasionalmente, Pablo Blanco, los senadores radicales se han alineado más fácilmente con el gobierno nacional. Un ejemplo reciente de esto fue la maniobra para evitar tratar la reforma jubilatoria, con Vischi adelantándose a José Mayans y pidiendo posponer el proyecto. La aprobación del aumento de las jubilaciones podría romper la dinámica de apoyo de la oposición al gobierno, por lo que el radicalismo ha decidido esperar hasta después de agosto para tomar acciones significativas.
El radicalismo ha demostrado en la última semana ser el principal aliado de Milei en el Congreso, optando por una estrategia de no confrontación con el gobierno. Aunque algunos miembros del partido muestran resistencia, la mayoría libertaria ha prevalecido, evitando dar excusas a Milei para culparlos de los problemas económicos. Esta actitud de espera y alineamiento con el gobierno se refleja también en el bloque de Miguel Ángel Pichetto, que ha adoptado una estrategia de bajo perfil. En medio de la interna en el PRO, el radicalismo ha mantenido su postura de apoyo al oficialismo.
