En un encuentro reservado en la City porteña, operadores e inversores coincidieron en que el escenario político despejó los temores de una vuelta al populismo. Confían en la estabilidad cambiaria y en la capacidad del Tesoro para sostener el tipo de cambio sin una devaluación brusca.
En el subsuelo de un edificio del microcentro porteño, un grupo selecto de financistas levantó sus copas con una sensación poco habitual en los últimos meses: alivio. En ese ambiente, marcado por la euforia contenida, la coincidencia fue unánime. “El triunfo electoral disipó la sombra que nos perseguía. Eso está por encima de todo y te ordena la economía”, expresó un joven agente bursátil con el rostro relajado.
Entre los presentes circuló una idea firme: no habrá una megadevaluación. Un operador explicó que “un salto brusco hundiría los balances en pesos de las empresas endeudadas en dólares”, y añadió con convicción que “eso no lo va a permitir ni el Gobierno ni el mercado. Sería pegarse un tiro en el pie”.
En los pasillos se habló también del respaldo que ofrecerán los fondos del Tesoro de los Estados Unidos. Según un operador con acceso a la información de primera mano, los dólares “van a quedar en el mercado local”, lo que —dijo— dará “aire a los bonos, a las empresas y al carry”. A su entender, esa decisión fortalece la confianza en el peso y reduce la presión sobre el tipo de cambio.
Aunque el volumen de vencimientos de deuda parece abrumador, en el encuentro no reinó la preocupación. La palabra que más se repitió fue “rollover”. En voz baja, varios operadores coincidieron en que los compromisos se extenderán en el tiempo, con tasas más bajas y plazos más flexibles. “No va a haber quita, pero sí un afloje de intereses y una extensión de la duration”, reconocieron desde una sociedad de bolsa.
La expectativa se resume en una apuesta: un ciclo de estabilidad sin medidas drásticas ni sobresaltos cambiarios.
Al cierre de la noche, entre copas vacías y bromas, un trader levantó la voz para brindar por “otros 100 años de volatilidad”. La risa general confirmó que el mercado, aun en su festejo, nunca pierde el sentido del humor sobre sus propios vaivenes.
