Tras la derrota electoral, el kirchnerismo busca reafirmar su poder interno en la provincia de Buenos Aires. Sectores ligados a Cristina Kirchner reclaman que su hijo continúe al mando del Partido Justicialista bonaerense, en medio de tensiones crecientes con el gobernador Axel Kicillof y la vicegobernadora Verónica Magario.
El mapa político del peronismo bonaerense entró en una etapa de reacomodamiento después de la derrota frente a La Libertad Avanza. Con los resultados sobre la mesa, las diferencias entre los distintos sectores comenzaron a profundizarse y la tregua que mantuvieron durante la campaña empezó a romperse. En ese contexto, el cristinismo decidió plantarse frente a Axel Kicillof y Verónica Magario y defender la continuidad de Máximo Kirchner al frente del PJ bonaerense.
El mandato del diputado nacional vence el 18 de diciembre, pero los plazos formales para convocar una interna ya expiraron. Por eso, la discusión por la renovación de autoridades se trasladará a 2026, probablemente en marzo. Sin embargo, el tema ya encendió la pulseada interna. Desde el sector de Cristina Kirchner insisten en que su hijo debe seguir conduciendo el partido.
La senadora provincial y diputada nacional electa Teresa García, una de las principales referentes de la expresidenta en la provincia, fue tajante. “Creo que Máximo tiene que manifestar la voluntad de seguir en el PJ bonaerense porque representa un espacio político. Luego, después, si sobre el final decide lo contrario, se abrirá otra discusión, pero en principio yo creo que debe seguir”, sostuvo en una entrevista.
García también lanzó un mensaje hacia la gestión provincial. Aseguró que, tras la elección, “todos los ministros le tienen que presentar su renuncia al gobernador”, para que Kicillof defina cómo continuar. La frase reactivó las tensiones en el gabinete bonaerense, donde el kirchnerismo mantiene el control de cuatro ministerios —Salud, Ambiente, Justicia y Derechos Humanos, e Instituto Cultural— y de organismos clave como el IOMA y el IPS.
Aunque desde el entorno del gobernador descartaron cambios inmediatos, la advertencia generó ruido en La Plata. En el entorno del mandatario interpretan que detrás de los reclamos por la continuidad de Máximo y los pedidos de renuncia se esconde una estrategia del cristinismo para reafirmar su peso político ante un Kicillof que busca proyección nacional.
Mientras tanto, el gobernador intentó mantener el foco en la gestión. Reunió a los intendentes del Movimiento Derecho al Futuro para analizar la situación económica y coordinar el cierre de año. “Es una reunión de trabajo con los intendentes de MDF para ver las demandas de cierre de año. Se viene profundizando la demanda de asistencia y creemos que eso no se va a detener”, explicaron desde su entorno.
Sin embargo, el clima interno muestra que el debate excede la coyuntura administrativa. Muchos jefes comunales quieren discutir el futuro político del peronismo mirando hacia 2027 y el rol que ocupará el propio Kicillof.
En una entrevista radial, el gobernador marcó su postura sobre el escenario pos electoral. “Tenemos que volver a hablarle a los sectores que no nos quieren escuchar, hay que rediscutir. Nosotros tenemos que dejar de hablarnos a nosotros mismos”, expresó. También advirtió que el espacio debía construir una alternativa nacional y hacerlo rápido, porque “faltan dos años para la elección del 2027”.
Las declaraciones reforzaron la idea de que Kicillof empieza a mirar más allá de la provincia, lo que inquieta al cristinismo. En los despachos cercanos a Cristina Kirchner observan esa intención como una señal de autonomía que no piensan dejar pasar. Por eso, la disputa por el PJ bonaerense se volvió un punto clave: mantener a Máximo Kirchner al frente del partido es, para el cristinismo, una forma de conservar poder político ante un gobernador que busca afirmarse en la escena nacional.
El debate por la conducción partidaria promete convertirse en el eje de una interna que reconfigurará el futuro del peronismo bonaerense. Por ahora, nadie se atreve a romper del todo, pero las señales de distanciamiento son cada vez más evidentes.
