La crisis no se limita al rubro textil. La siderúrgica Acindar recortó su producción mensual de acero de 121.000 a 51.000 toneladas y suspendió entre 500 y 600 operarios. Cerró un tren laminador y dejó a otros 150 sin tareas.
El ajuste económico empujó a la industria a una parálisis alarmante. La fábrica Dass, que produce calzado para Adidas, Nike, Umbro y Asics, despidió a 164 operarios en Misiones y ya acumula más de 500 despidos en lo que va del año. En Santa Rosa, la empresa Calzatex suspendió al 70 % de su personal. En Mar del Plata, la textil Mauro Sergio echó a 150 trabajadores y bajó su producción un 20 %.
La crisis no se limita al rubro textil. La siderúrgica Acindar recortó su producción mensual de acero de 121.000 a 51.000 toneladas y suspendió entre 500 y 600 operarios. Cerró un tren laminador y dejó a otros 150 sin tareas. El sindicato denunció que la empresa intentó despedir personal desde diciembre y que la situación empeoró todos los meses.
Pablo González, secretario general de la UOM en Villa Constitución, advirtió: “No hay producción y no va a mejorar… la renta financiera nos está perjudicando a toda la industria”.
El parate es general. Según la Cámara Argentina del Acero, en junio la producción de acero crudo cayó un 8,6 % respecto de mayo. La fabricación de hierro bajó un 26,5 % y los laminados en caliente, un 20,9 %. La construcción no levantó cabeza, el consumo de acero sigue en picada y el Gobierno no reaccionó.
En paralelo, las importaciones crecieron y golpearon a los sectores que producen para el mercado interno. La maquinaria agrícola y la producción de electrodomésticos siguen en caída. El sector automotor mostró una leve suba, pero no alcanzó para compensar el derrumbe generalizado.
El Gobierno abandonó cualquier intento de reactivación. Frenó la obra pública, facilitó la entrada de productos del exterior y favoreció la especulación financiera. El resultado fue inmediato: miles de despidos, suspensiones y plantas vacías. No hubo medidas para proteger a las industrias ni para sostener el empleo.
La Fundación Pro Tejer registró más de 10.600 puestos de trabajo perdidos solo en los sectores textil, calzado, confección y cuero. Es un derrumbe silencioso, con impacto directo en economías regionales y en las ciudades más golpeadas por la recesión.
El rumbo económico no mostró fallas, mostró su verdadera intención: destruir el aparato productivo para sostener un modelo financiero. No se trata de un problema de diagnóstico, sino de una decisión política. La industria quedó a la deriva por orden del Gobierno nacional. El daño no fue un accidente: fue parte del plan.
