El Presidente profundizó sus ataques contra periodistas durante el fin de semana y avanzó con restricciones concretas en Casa Rosada y Diputados. El conflicto escaló en medio de denuncias, investigaciones y acusaciones de desinformación.
El gobierno de Javier Milei atravesó en los últimos días un nuevo capítulo de confrontación con la prensa. La ofensiva combinó agravios públicos desde redes sociales con decisiones institucionales que limitaron el acceso de periodistas a la Casa Rosada y al Congreso. El escenario expuso una escalada que encendió alarmas en entidades del sector.
Durante el fin de semana largo, el Presidente intensificó sus publicaciones en X con críticas directas a periodistas y medios. Retuiteó mensajes que calificaron a trabajadores de prensa como “terroristas encubiertos”, “mercenarios de la desinformación” y “periodismo basura”. En ese contexto, volvió a instalar su consigna NOLSALP —“No odiamos lo suficiente a los periodistas”—, incluso con la variante NOL$ALP, en alusión a supuestos intereses económicos.
El tono subió con mensajes propios. El sábado escribió: «las basuras que se disfrazan de ‘periodistas’ tenían razón cuando se quejaron porque Adorni le dijo a uno ‘vos sos solo un periodista’, ya que no debería olvidar decirle que la gran mayoría son mentirosos, corruptos y traidores a la patria por intentar un golpe. CIAO!». En otra publicación afirmó: «mientras miraba X encontré esta obra de arte sobre el ‘periodismo’ argento. NOL$ALP», junto a la imagen de una lápida.
Las críticas también tuvieron destinatarios puntuales. Apuntó contra la periodista Laura Di Marco con un mensaje directo: «Muchas gracias Roñosa. Verlos llorar así… no tiene precio!!! Se la pasan mintiendo, ensuciando y calumniando personas manchando el buen nombre y honor de las personas de bien en favor de intereses más que oscuros… Un poco de vuelto les viene bien me parece… NOL$ALP». También cuestionó al diario La Nación y a figuras como Marcelo Bonelli, Mercedes Ninci, Luis Novaresio y Gustavo Sylvestre.
En paralelo, el conflicto cruzó el plano digital y se trasladó a decisiones concretas. El Gobierno resolvió restringir el ingreso de periodistas acreditados en la Casa Rosada. La medida alcanzó a trabajadores de distintos medios bajo la sospecha de una presunta vinculación con una campaña internacional de desinformación.
Desde el oficialismo justificaron la decisión. «No se les quitó la acreditación. Se quitó la huella de manera preventiva, hasta esclarecer los hechos», indicaron fuentes oficiales. También aclararon que se trató de «una medida temporal» y que evaluarían cada caso.
Entre los afectados figuraron periodistas de Ámbito Financiero, El Destape, Tiempo Argentino y La Patriada. Liliana Franco expresó su sorpresa: «A pesar de los años que tengo como acreditada en la Rosada, de ahora en más no podré ingresar». Luego ironizó: «No conozco ningún ruso, ni siquiera viajé a Rusia».
El impacto se replicó en el Congreso. La Cámara de Diputados aplicó una restricción similar y bloqueó el acceso a periodistas de medios señalados en la investigación. La decisión generó reclamos internos. El Círculo de Periodistas Parlamentarios pidió una solución urgente para garantizar la cobertura legislativa.
El trasfondo de la medida surgió de un informe internacional que reveló una presunta operación de desinformación atribuida a sectores vinculados al gobierno ruso. Según esa investigación, se financiaron contenidos para afectar la imagen del Ejecutivo argentino. El caso incluyó publicaciones en medios digitales y acciones en redes sociales.
Las entidades del sector reaccionaron ante el cuadro general. FOPEA denunció una “escalada de agresión a la prensa” y advirtió sobre la “gravedad institucional” de los mensajes presidenciales. ADEPA también expresó preocupación. Señaló el riesgo de generalizaciones que afecten el ejercicio profesional.
La secuencia dejó un dato central: el conflicto entre Milei y el periodismo ya no se limitó al discurso. Sumó decisiones que impactaron de forma directa en el acceso a la información pública.
