El Presidente pasó de proponer un impuesto para indemnizar a los acreedores a adjudicarse el triunfo judicial. El giro expuso tensiones en su discurso económico y político.
El fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York que benefició a la Argentina en el litigio por la estatización de YPF abrió un nuevo frente de discusión política. Javier Milei buscó capitalizar la decisión y se presentó como protagonista del resultado. Sin embargo, sus propias declaraciones previas dejaron al descubierto una contradicción central en su posicionamiento frente a los fondos buitres.
Tras el fallo de primera instancia de la jueza Loretta Preska, que había condenado al país a pagar más de 16 mil millones de dólares, Milei expresó una postura muy distinta a la actual. En ese momento, el entonces presidente sostuvo que tenía «voluntad de pagar». También admitió las limitaciones fiscales: «Hay un problema, porque la plata no la tenemos, pero sí tenemos la voluntad de pagar».
El planteo no quedó ahí. Milei avanzó con una propuesta concreta que implicaba trasladar el costo a la sociedad. «Lo que vamos a hacer, que es una idea en la que estamos trabajando, es crear la tasa Kicillof; es decir, pagarle a este fondo con un bono perpetuo», afirmó. Luego reforzó esa idea con otra frase que marcó su enfoque: «Vas a tener un nuevo impuesto que se llama tasa Kicillof, que es para pagar el desaguisado de un amateur».
“Vamos a crear la tasa Kicillof. Pagarle a este fondo con un BONO PERPETUO por YPF. Y que los argentinos tengamos que pagar todos los años una determinada cantidad de dólares gracias a Kicillof»
Milei quería poner un IMPUESTO para pagarle un BONO PERPETUO a un fondo buitre 💀 pic.twitter.com/dCldFuISLF
— Arrepentidos de Milei (@ArrepentidosLLA) March 27, 2026
Ese posicionamiento chocó con su discurso de campaña, centrado en la eliminación de impuestos. También contrastó con su actual narrativa. Tras la resolución favorable en segunda instancia, el Presidente celebró el resultado y afirmó: «Le ganamos a Burford». El Gobierno incluso preparó una cadena nacional para reforzar esa lectura política del fallo.
El cambio no se limitó al tono. Milei pasó de aceptar la lógica de pago a los acreedores a celebrar una estrategia judicial que buscó evitar esa obligación. Esa defensa no nació con su gestión. La apelación se apoyó en argumentos que atravesaron distintas administraciones, desde el kirchnerismo hasta el gobierno de Mauricio Macri. El eje central sostuvo que la jurisdicción debía ser argentina y cuestionó la interpretación del derecho local en tribunales estadounidenses.
La resolución de la Cámara de Apelaciones recogió parte de esos planteos. Revocó la condena millonaria y descartó la responsabilidad de YPF en el proceso de estatización de 2012. Ese resultado alivió el frente financiero y político del país. También abrió una disputa por la apropiación del mérito.
En ese contexto, Milei redobló sus críticas contra Axel Kicillof, a quien responsabilizó por el origen del conflicto. «Tuvimos que venir a arreglar las cagadas del inútil, imbécil e incompetente de (Axel) Kicillof durante el segundo gobierno de la corrupta y presidiaria Cristina Kirchner», lanzó en un acto público.
El contraste entre sus declaraciones de 2025 y su postura actual expuso una tensión difícil de disimular. El mismo dirigente que propuso pagar con recursos de los argentinos ahora celebró un fallo que evitó ese escenario. La evolución del caso YPF no solo impactó en lo judicial. También dejó al descubierto los vaivenes del discurso presidencial frente a uno de los litigios más sensibles para el Estado.
