El presidente del Centro de Panaderos de Merlo, Martín Pinto, advirtió que la situación del sector atraviesa un punto crítico. Señaló que los costos aumentaron un 2.000 por ciento en dos años, que el consumo de pan cayó a la mitad y que la capacidad de producción se sostiene apenas en un 60 por ciento.
Martín Pinto recibe a diario las mismas frases de sus colegas: “me ahogaron” y “me arruinaron”. En diálogo con dirigentes y trabajadores del rubro, el titular del Centro de Panaderos de Merlo actualizó la dimensión del derrumbe. Confirmó que en la provincia ya cerraron 620 panaderías de barrio desde que Javier Milei asumió la Presidencia.
La situación no es exclusiva de Buenos Aires. Pinto, que también forma parte de la conducción de la Cámara de Industriales Panaderos, calculó que en todo el país bajaron las persianas unas 1.700 panaderías, un tercio de ellas bonaerenses. Con un promedio de seis empleados por local, más de 3.700 personas perdieron su trabajo en un sector atravesado por la recesión y la suba de costos.
El dirigente puso el acento en el drama humano detrás de cada cierre. Dijo que en muchos casos se trata de comercios familiares que llegaron a la tercera o cuarta generación. Relató que en las reuniones semanales de la cámara se acumulan historias dolorosas: “Un día llega uno y tira que a Marcelo de Tandil le agarró un infarto, u otro colega en Junín un ACV, no se puede así”, expresó.
El impacto en el consumo resulta devastador. Pinto explicó que en los últimos dos años la venta de pan cayó un 50 por ciento y que en el caso de las facturas el descenso fue aún mayor, del 85 por ciento. “Algunos panaderos ya dicen que quieren fundirse porque no aguantan más la incertidumbre”, agregó.
Los números coinciden con los indicadores oficiales. Según el ministro de Economía bonaerense, Pablo López, las ventas minoristas de julio se redujeron un 5,7 por ciento frente a junio y un 10 por ciento en comparación con 2024. A nivel nacional, la recaudación del IVA mostró una caída del 8,8 por ciento respecto al mes anterior y del 9,5 frente al año pasado.
A esto se sumaron las tarifas y los alquileres. Pinto graficó con un ejemplo personal: “Yo terminé el 2023 pagando 400 mil pesos por mi local con vivienda, y hoy estoy en 2,5 millones de pesos, ¿dónde está la inflación del 1,8 o lo que sea?”. La suba del combustible también golpeó: pasó de 350 pesos el litro en diciembre a 1.300 pesos en la actualidad.
El encarecimiento del transporte agregó otra presión. En el Gran Buenos Aires, el boleto de colectivo aumentó 3,9 por ciento en septiembre y ya acumuló más del 42 por ciento en lo que va del año, con un mínimo provincial de 529,25 pesos. Pinto contó que sus empleados enfrentan un límite claro: con un salario de 1,2 millones de pesos, el dinero alcanza hasta la mitad del mes y luego piden adelantos.
La harina, insumo básico del sector, subió 7 por ciento la semana pasada, mientras que los costos de logística se incrementaron por los aumentos constantes en nafta y mantenimiento de vehículos. Ese escenario aceleró el cierre de locales y provocó la proliferación de panaderías informales que producen en domicilios particulares, lo que complica aún más a quienes sostienen la actividad en regla.
El deterioro del consumo se siente incluso en las promociones. Pinto remarcó que “ya ni siquiera se venden las facturas del día anterior, con un 50 por ciento de descuento”.
