El economista analizó ante inversores el rumbo del programa oficial y advirtió sobre tensiones sociales en el Gran Buenos Aires de cara al próximo año electoral.
El economista Ricardo Arriazu expuso ante un grupo reducido de inversores convocados por la firma Black Toro y dejó una advertencia central: el principal punto de tensión del programa económico se ubicó en el mercado laboral del conurbano bonaerense.
Durante su intervención, Arriazu describió un escenario de transformación profunda en la estructura productiva. Señaló que el proceso en marcha generó efectos desiguales en el empleo. “El proceso de cambio actual produce más destrucción que creación de empleo. Esta situación puede generar un ruido político y trasladarse al plano electoral. El desafío es la elección en el Gran Buenos Aires el próximo año«, afirmó.
El economista sostuvo que la economía argentina ingresó en una etapa inédita. Marcó que los sectores más dinámicos no requieren gran cantidad de trabajadores. “En mi vida nunca vi esta nueva dinámica de sectores de capital intensivo como la energía, la minería y el agro que generan una gran cantidad de divisas, pero absorben poca mano de obra«, explicó.
En contraste, indicó que los rubros tradicionales con fuerte presencia urbana enfrentaron un retroceso. “La industria, la construcción y el comercio, atraviesan un retroceso y mantienen su epicentro en el Gran Buenos Aires«, precisó.
Arriazu también apuntó a las decisiones de política económica de largo plazo. Planteó que la localización de inversiones y población respondió a incentivos estatales. “El empresario no tiene la culpa de haber invertido donde invirtió, fueron los incentivos que dieron los gobiernos. La gente tampoco tiene la culpa de haberse mudado al Gran Buenos Aires; también fueron los incentivos que le dio el Gobierno. Y ahora cambian las reglas del juego y algunos quedan muy dañados«, sostuvo.
En esa línea, remarcó que la estructura productiva local arrastró distorsiones históricas. “Argentina tiene una estructura productiva artificial, producto de casi un siglo de castigar a los sectores en los cuales tenemos ventaja comparativa y subsidiar a los sectores donde no tenemos ventaja comparativa«, afirmó.
El análisis incluyó una mirada sobre el sector energético. Destacó el potencial de Vaca Muerta y su impacto en las exportaciones. “Vaca Muerta es posiblemente la mejor roca del mundo. Como mínimo, igual a Permian en Estados Unidos«, indicó. A la vez, señaló que el país atravesó una etapa de expansión productiva, con limitaciones en infraestructura que condicionaron el crecimiento.
Según su proyección, las exportaciones energéticas podrían alcanzar los 32.000 millones de dólares hacia 2030, con un fuerte aporte del gas y del petróleo. También planteó que el agro podría sumar divisas adicionales si se modificaran los derechos de exportación.
El economista advirtió que estos beneficios no impactaron de forma plena en la actividad actual. Subrayó que la transición generó tensiones y cuellos de botella que exigieron gestión política.
En el plano financiero, dejó una recomendación concreta para la autoridad monetaria. “En este momento, mi opinión, el Banco Central debería bajar la tasa de interés«, afirmó, y vinculó esa postura con la conducta de los ahorristas y la situación del sistema bancario.
Finalmente, Arriazu evaluó el rumbo del programa económico. Consideró que las chances de éxito alcanzaron el 50%, aunque quedaron atadas al escenario social y político. “El programa económico tiene actualmente un 50% de probabilidades de éxito, el año pasado pensaba que iba a ser 30%, pero está condicionado a la capacidad de atravesar el próximo test electoral sin un deterioro social mayor«, concluyó.
