Con el discurso en la Asamblea legislativa, el presidente no logró contentar a ningún sector.
El presidente de la Nación, Alberto Fernández, partió en dos su discurso de la última Asamblea Legislativa: por un lado, en los primeros 90 minutos, utilizó su tono calmo para defender su gestión, marcada por la pandemia y la guerra en Ucrania; por el otro, en la última parte, arremetió contra la Corte Suprema de Justicia y se trenzó con la oposición.
Mientras la primera parte buscaba contener el voto de centro con su postura moderada, lo que hizo en gran parte que ganara las lecciones del 2019, en la otra mitad trató de seducir al electorado más kirchnerista del Frente de Todos.
Alberto lució desdibujado y solitario: Máximo Kirchner se volvió ausentar; Cristina no se dignó ni siquiera a aceptarle agua y Sergio Massa no se sentó con los demás ministros.
Pero se quedó en el medio; no hizo ni una cosa ni la otra. Para algunos, fue la última bala desperdiciada por parte del mandatario. Su UPD, chicaneaban algunos opositores, en referencia al último primer día que celebran los egresados del último año de secundaría.
A pesar de su intento de reconquistar al kirchnerismo, Alberto lució desdibujado y solitario: Máximo Kirchner se volvió ausentar; Cristina no se dignó ni siquiera a aceptarle agua y Sergio Massa no se sentó con los demás ministros.
A pesar de mantener en vilo la idea de una eventual candidatura para ir en busca de la relección, algo que molesta a la mayoría del Frente de Todos, el presidente de la Nación parace trascurrir sus últimos meses en el sillón de Rivadavia. Su final resulta, a esta altura, inexorable. Pero aún falta y la política, sobre todo en la Argentina, es indescifrable.
