Por Jorge Asís.
El Premier Adorni, Manolito, deja correr el engañoso proyecto de pretender ser titular del Maxiquiosco para encargarse de imponer los chocolatines libertarios, y ocuparse de administrar las diferencias espirituales de las habilitaciones que hoy controla, sin gravedad, Jorge Macri, El Primo (que era) Pobre.
Los que piensan que la pretensión de Manolito es real anticipan, desde ya, la pugna interna que se viene con la señora Patricia, La Montonera del Bien. Una profesional que también se encuentra con los valores en alza. Como el propio Panelista de “la noche histórica” de Adorni. “Fin”.
De pronto Patricia les crece en solidez a Los Milei. Establece una daga en la pugna imaginaria que acelera la dibujada confrontación entre la señora Karina, La Repostera Prodigiosa —junto a Los Menem—, contra Santiaguito, El Neo Giacomini, el consultor preferido del Gobierno de Consultores que impuso la receta del outsider, complementado por los tuiteros impunes de “la batalla cultural”.
Pero tanto Karina como Santiaguito son productos similares del Fenómeno Milei, que copia, con “la devoción del plagio” (Borges), estilos de construcción de peronistas antagónicos como Carlos Menem, El Emir (que construía con Celestes o Rojo Punzó, Flaco Bauzá o Frate Kohan). O como Néstor Kirchner, El Furia, que armaba cuadros a través de Julio De Vido, el Pulpo, o de Carlos Zannini, El Cenador.
Dista de ser el caso de Patricia, que vive de (y para) la “casta política” desde hace más de medio siglo. Consta que la Montonera del Bien facturaba con el delirio rosado de la Revolución Socialista mientras el Panelista deliraba módicamente con ser arquero suplente de Chacarita.
Aparte, el Panelista pretende ser el propietario total en Argentina de la derecha moderna que se carga el mundo. En realidad, ni siquiera alcanza todavía a doblegar la sombría derecha clerical que le factura el “voto seguridad”. Los derechosos clericales prefieren reflejarse en el espejo de la señora Victoria Villarruel, La Cayetana.
Vicepresidenta tratada como adorno indeseable, con la que el Panelista mantiene peor relación que con Axel, El Gótico. Antagonista formal que gobierna la Provincia del Pecado y aspira a competir por la presidencia en 2027. Como Sergio Uñac, aún El Tapado, o el otro Sergio, El Profesional, que celosamente guarda el “penúltimo tiro que persiste en la recámara”. O si se anima como Gerardo Zamora, El Ambidiestro, que patea con las dos, la pierna radical y la peronista.
En el Congreso se registró la peor vulgaridad explícita en el mensaje del Panelista que debía ser solemne, o al menos relativamente profundo
Nunca mejor descripto el “Estado (lamentable) de la Nación”. Mientras un tropel oficialista de aplaudidores festivos celebraba al “presidente”, un descartado fragmento condenable demostraba los efectos nocivos de la cancelación.
La adversidad estratégicamente lúcida que incita a impugnar la sucesión inocente de arbitrariedades presentadas como grandes aciertos.
Como la adscripción total hacia la línea superior que marca Donald Trump, El Trastornado Real. O la algarada bravía sobre la pertenencia presunta a la «línea moral» de la versión berreta de la cultura judeocristiana de Occidente.
A partir de los agravios, el mensaje categórico del Panelista representó un estímulo indirecto para el desmembrado peronismo que se encuentra en la deriva instrumental. Tergiversado con astucia como los «kukas». Su titular —vulnerada “jefa de la banda”— La Doctora, se encuentra amargamente presa y con la tobillera humillante que fue también motivo de la ironía del orador, complementada por la euforia frívola de los aplaudidores.
Selectiva destreza en el manejo de la cámara que se detenía apenas en la ceremonia artificial de los aplausos, mientras olímpicamente ignoraba a los detractores imaginarios que supuestamente confrontaban con las perversidades del orador que los tildaba impunemente de “chorros, brutos, golpistas”.
Sorprendió —eso sí— la entusiasta aprobación de los Peronistas Originarios como Diego Santilli, El Bermellón, o Cristian Ritondo, El Potro, o la citada Patricia, el Armador Sebastián Pareja o cualquiera de Los Menem. Contemplarlos aplaudir al Panelista con energía desbordante producía, en efecto, cierta tristeza estética. Inagotablemente firme, tiernamente lastimosa, casi ofensiva.
Fuente: JorgeAsís.com
