Cientos de jóvenes de Carcova y otros barrios a diario escarban los desechos industriales de la planta procesadora del CEAMSE, ubicada en José León Suárez, para encontrar algo con que alimentarse. El menú es siempre el mismo: miseria, olvido, indiferencia y ausencia. Cuando la única opción, es una montaña de inmundicia.
Parece increíble, pero es real. Miles de ciudadanos y hasta la totalidad de la clase política se ha acostumbrado a eso sin hacer nada para remediarlo... En José León Suárez, existe un lugar, donde la miseria se vive a diario. Un lugar que muchos no quieren ver, pero que está ahí, más que nunca, y que nos muestra nuestras fallas como sociedad. En la planta procesadora de desperdicios de CEAMSE, pueden encontrarse desechos industriales de fábricas de lácteos, frigoríficos y supermercados.
Miles de vecinos del distrito, entre ellos cantidad de menosres, muchos de Carcova –donde ocurrió el asesinato de dos jóvenes tras el descarrilamiento del tren- concurren casi todos los días de la semana, para encontrar en una montaña de basura, algo para comer y llevar a sus familias, para “pelearla” un día más.
La escena se repite una y otra vez de lunes a viernes a las 16.30, el cuadro es doloroso, hasta el tuétano. Decenas de jóvenes preparan sus carros y bicicletas para atravesar la villa, cruzar las vías e ir por el margen la autopista del Buen Ayre hasta la curva que se mete de lleno en el campo que hay debajo de la montaña de basura.
Inmersos en la miseria, los jóvenes recorren con motivación este “pozo de desechos” podridos, quebrados, sucios y rotos, para ellos, este “shopping del horror”, es una de sus pocas esperanzas de supervivencia, ante la ausencia del estado y los diversos candidatos, que prefieren no sacarse la “foto” allí, en la “Quema”, como la llaman la gente de los barrios que vive de ella.
La “Quema” del Ceamse es el confín de todos los productos que nos acompañan a diario, allí donde lo ordenado por la industria se confunde en un yacimiento de materia sin etiquetar y todo se superpone -y esa es parte del escándalo y el chiquero-: el picadillo de tabaco con los bidoncitos de yogur, la carne picada y los pollos junto al balanceado de los perros, mientras el brazo ciego va tanteando, esperanzado.
Al regreso, los pibes caminan embadurnados de pies a cabeza, la grasa, la suciedad y el barro orgánico donde estuvieron inmersos durante casi una hora ya forma parte de sus cuerpos. Al llegar al barrio, intentarán –les costará- limpiarse con lo que llega de agua “no potable” a Carcova. Mañana para esta hora, estarán otra vez sucios, pero quizás con un botín mejor al que consiguieron hoy en la “montaña del olvido”, en el “shopping del horror”, donde el estado no llega, nunca.

