La exgobernadora no encuentra el tono de la campaña e intenta que los votos no se fuguen por derecha.
La exgobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, está incómoda. Su prologando silencio durante el año y medio de pandemia, en suma a su pasaje a la Ciudad de Buenos Aires, le han quitado “el ángel” que la ahora precandidata tenía frente a la sociedad.
Por ahora, los sondeos la ubican ganadora en la interna de JxC en la CABA, aunque no deja de preocupar la cercanía con Ricardo López Murphy, y el crecimiento de Javier Milei, que gana terreno en la franja joven.
En las propias filas del PRO reconocen que Vidal no encontró aún el tono para la campaña. De hecho, tras un prolongado silencio, se le reclamó más dureza respecto del kirchnerismo. En ese marco, ganó terreno Patricia Bullrich quien se mostró en manifestaciones y reclamó por la vacuna Pfizer.
Vidal a pesar de ser derrotada en la provincia quedó como “víctima” de la mala gestión de Mauricio Macri respecto de la economía, pero sin embargo, habría perdido ese potencial sobre todo en un electorado de altísimo rechazo al peronismo y fundamentalmente a la figura de Cristina Kirchner.
Al mismo tiempo, desde el propio PRO le achacan su pasaje. Es que el hecho de haber cruzado la General Paz desordenó el armado de la provincia, el distrito más grande del país, y obligó a los intendentes a moverse y a que haya fricciones para que se encolumnaran detrás de la figura de Diego Santilli. El caso más palpable, fue el de Jorge Macri.
En las últimas semanas incluso ha tenido que endurecer el discurso. Es que el temor a obtener un triunfo exiguo en las PASO, crece cada vez más. Hoy calificó de “manotazo de ahogado” el gesto de Alberto Fernández de donar su sueldo.
“Se metieron en nuestras casas y empezaron a decidir sobre lo que podemos hacer o no”, sostuvo durante la presentación de sus propuestas y además agregó que el Gobierno quiere que la gente sea “burra, pobre y sometida”, dos frases que no parecerían pertenecer al espíritu con el que Vidal hizo política siempre.
Ambas frase exhiben la preocupación que hay en Uspallata ante el crecimiento de opciones como el de Milei, que además logra captar el voto militar con el apoyo de Victoria Villarruel y de Juan José Gómez Centurión.
