La gestión bonaerense mostró falencias en el primer escollo parlamentario para aprobar la Ley Impositiva hace diez días. El capítulo dejó reflexiones que el oficialismo deberá resolver pronto. La norma será finalmente aprobada este miércoles, pero el gobernador deberá ordenar rápido a la tropa.
Por César Morielli
Esta semana el parlamento bonaerense aprobará La Ley Impositiva 2020 para que el gobernador Axel Kicillof pueda tener una herramienta de gestión indispensable en tiempos de turbulencia económica. La gestión que heredó de María Eugenia Vidal está lejos de ser la panacea con la que los medios buscaron respaldar a “la leona”. La prioridad para el exministro de Economía era construir un esquema impositivo progresivo que le permita tener recursos para cumplir con las responsabilidades financieras. La urgencia hizo emerger un problema. ¿Cómo articulará políticamente el nuevo oficialismo en la dinámica parlamentaria? Kicillof parece haberse estrenado con un paso en falso.
Entre dirigentes opositores y oficialistas hay un diagnóstico concordante. En el entorno del gobernador pecaron de inexperiencia, y también con un poco de soberbia, en la novela por la Ley Impositiva que estrenó el 2020. Además, la conferencia de prensa de Axel Kicillof, donde explicó detalles del proyecto y despotricó contra la postura de Juntos por el Cambio, desnudó que en el espacio aún no está claramente definido quienes son los encargados de amortiguar las tensiones políticas en el Parlamento con las demás fuerzas.
Kicillof dejó entrever que tenía un acuerdo con la exgobernadora María Eugenia Vidal para aprobar el proyecto. Lo que también expresa un error de lectura de la coyuntura, ante un escenario variado con distintas líneas políticas que buscan protagonismo y autonomía en la nueva etapa. Evidentemente, el acuerdo previo no era sólido y no representaba a todos los actores.
¿Quién dejó a Kicillof embarcarse en la aventura parlamentaria sin los votos necesarios para aprobar el expediente? Los cuadros técnicos del oficialismo bonaerense son sólidos y están capacitados en el ámbito económico. Los nuevos funcionarios dialogaron con distintos interlocutores de Juntos por el Cambio para analizar la letra de la Ley Fiscal y evaluar modificaciones. Pero en el río revuelto, los intendentes opositores tuvieron ojo clínico y experiencia para dilatar las cosas y buscar un beneficio para sus arcas municipales. El punto más debatido fue el impuesto inmobiliario. Allí, los jefes territoriales advirtieron que Kicillof buscó pescar en sus peceras. No dejaron que la administración bonaerense recaude donde pueden hacerlo ellos.
Fue un error avanzar tan rápido sin establecer puentes previos. Esa diferencia se zanjó luego del encuentro del jueves pasado en La Plata, entre el gobernador y los intendentes. Este miércoles, luego de pequeñas correcciones, pero sobre todo con un perfil diferente para dialogar, la ley será aprobada.
En la conferencia de prensa que brindó Kicillof una vez que se cayó la sesión hace diez días, estuvo acompañado por la vicegobernadora y presidenta del Senado Verónica Magario, y por el joven presidente de la cámara baja Federico Otermin. En política las fotos dicen mucho. Con el tiempo se verá si fueron considerados los responsables del primer paso en falso de la gestión.
La ministra de Gobierno Teresa García es una dirigente con extensa y respetada trayectoria parlamentaria. Su liderazgo entre los legisladores durante la gestión Vidal y los años recorridos en distintos ámbitos deliberativos la mostraban como la persona adecuada para enfrentar el primer gran escollo del nuevo gobierno. Sin embargo, en esas primeras horas no tuvo un rol protagónico. A vistas de los resultados, deberá transformarse en un elemento central para morigerar las tensiones. ¿Por qué no se apostó por ella desde el minuto uno?
Otra incógnita aparece en el massismo. Allí hay dirigentes de trayectoria y experiencia que han sabido hacer equilibrio entre kirchneristas y cambiemistas en el último lustro. Hoy en el Frente de Todos respaldando al gobernador podrían haber sido un capital importante para destrabar desacuerdos y proteger la gestión. ¿Tuvieron alguna participación?
Aún sin tener designados a los actores que encabezarán el rumbo político, en la gestión bonaerense todavía hay cuestiones que no se definen. Cargos y roles que nadie sabe quién los ocupará. La Tercera Sección Electoral aporta actores que parece serán centrales. ¿Son los más indicados? En la primera batalla fallaron. Allí también marcó presencia el paceño Mario Ishii. Tenía asegurado el CEAMSE pero las cosas se dilataron. Su diputado, que encabezó la lista seccional, José Pérez, estuvo ausente en las horas en las que se buscó el quórum desesperadamente en la cámara baja.
Los cambiemistas disidentes de Cambio Federal también se corrieron de las discusiones. Recibieron llamados a las apuradas para facilitar el tratamiento, pero no habían sido convocados en las discusiones previas y el convite para llegar al número para el debate no tuvo buen destino. “Si arreglaron con Vidal, que ahora busquen a Vidal”, decían.
Off the record, propios y ajenos creen que el oficialismo se manejó con mucha inexperiencia. Otros creen que pecaron de soberbia y avanzaron con una mirada centralista, digna de otras épocas del kirchnerismo y sin respetar la histórica dinámica bonaerense.
El único que pagó los platos rotos fue el gobernador Kicillof con una accidentada conferencia, donde poco claro quedó el detalle del proyecto y brilló con fuerza el mal momento que le hizo pasar la oposición durante las negociaciones.
Es un casillero que el oficialismo deberá completar rápidamente y con sapiencia. No hay conurbano sin rosca. No hay rosca sin política. No hay política sin operadores parlamentarios. Y sin dinámica parlamentaria no hay gestión que sobreviva.
