El impacto del actual modelo económico ya se refleja con fuerza en el interior del país. Un estudio elaborado por la consultora Equilibra, a partir de datos oficiales, muestra que desde 2023 hasta noviembre del año pasado cerraron empresas en todas las provincias argentinas. La única excepción fue Neuquén, que logró expandir un 1,8% la cantidad de firmas gracias al impulso de Vaca Muerta y del sector hidrocarburífero. En paralelo, el informe advierte una marcada reducción del empleo privado formal, con caídas particularmente severas en distritos del norte y del sur. Este escenario se desarrolla mientras muchos gobernadores continúan respaldando en el Congreso las principales iniciativas del presidente Javier Milei, aun cuando las consecuencias del modelo impactan directamente sobre sus economías locales.
El mapa productivo muestra un panorama crítico en casi todo el país. Salvo la excepción neuquina, las 23 provincias restantes y la Ciudad de Buenos Aires registraron retrocesos en la cantidad de empresas. Las contracciones más fuertes se observaron en el norte: Misiones perdió el 10,3% de sus firmas, La Rioja el 9,6% y Chaco el 9,2%. En la región central, donde se concentra buena parte de la actividad industrial, también hubo caídas relevantes: Córdoba registró una disminución del 7,4%, Santa Fe del 5% y la provincia de Buenos Aires del 3,8%. Estos números contrastan con la imagen de crecimiento que Javier Milei intentó transmitir durante su discurso de apertura de sesiones ordinarias, en el que además lanzó duros ataques contra la oposición.
La reducción del entramado empresarial se tradujo también en una pérdida significativa de empleo privado registrado. Las mayores caídas se detectaron en Formosa, con un descenso del 18,5%, y en Santa Cruz, con una baja del 16,3%. A estas provincias se suman La Rioja (-15%), Tierra del Fuego (-12,9%) y Chaco (-11,4%), todas con retrocesos de dos dígitos. En el otro extremo vuelve a destacarse Neuquén, donde el empleo formal creció un 7%, mientras que Río Negro registró un leve incremento del 0,4%, también favorecido por el dinamismo del sector energético.
El informe advierte además que en los próximos años podría consolidarse un fenómeno inédito para la economía argentina: un crecimiento del PBI sin generación de empleo. Esto se debe a que los sectores que actualmente lideran la expansión —hidrocarburos, minería, agro e intermediación financiera— requieren relativamente poca mano de obra. “La economía crece, pero se destruye el buen empleo”, sostiene el trabajo de Equilibra, que muestra cómo la producción aumenta al mismo tiempo que disminuye el empleo formal. En contraste, actividades intensivas en trabajo como la pesca, la construcción, la industria y el comercio presentan retrocesos.
Los datos también reflejan un cambio en la composición del mercado laboral. Entre el tercer trimestre de 2023 y el de 2025 se perdieron cerca de 270.000 puestos asalariados registrados, mientras que el número de trabajadores por cuenta propia creció en aproximadamente 600.000 personas. Este desplazamiento hacia formas de empleo más precarias —como el monotributo o el trabajo independiente— genera una aparente mejora en las estadísticas de desocupación, pero en realidad encubre un proceso de deterioro del trabajo formal y de pérdida de calidad laboral.
A pesar de este panorama, la mayoría de los gobernadores continúa respaldando en el Congreso las políticas impulsadas por Javier Milei. Ese apoyo convive con dificultades cada vez más visibles en las economías provinciales. Un informe difundido recientemente alertó, por ejemplo, que las provincias dejaron de percibir cerca de un billón de pesos en fondos coparticipables sólo durante los primeros dos meses del año.
Las tensiones ya empiezan a manifestarse en el plano social. En los últimos días, el paro nacional docente tuvo repercusiones en distintas provincias y se multiplicaron las protestas de fuerzas de seguridad que reclaman mejoras salariales frente a propuestas de aumento consideradas insuficientes por parte de las administraciones provinciales.
El escenario que comienza a delinearse coloca a los gobernadores en una posición incómoda: sostienen en el Congreso un modelo económico que luego deben gestionar en sus propios territorios. Con menos empresas, mayor precarización laboral y una caída de los recursos fiscales, el costo político de ese respaldo podría empezar a hacerse sentir más temprano que tarde.
