En una entrevista con LaNoticiaWebTV, el sociólogo y escritor de “¿La rebeldía se volvió de derecha?” compartió sus reflexiones acerca del crecimiento de discursos de una ultraderecha heterogénea pero que se ubica debajo de “un gran paraguas que es una especie de batalla cultural antiprogresista que unifica muchos de esos mundos”. La figura de Milei y la intención del PRO de contener a parte de ese electorado.
Cuando leí tu libro me pareció un buen momento para entrevistarte. ¿La rebeldía es de derecha en 2021?
El libro parte de un interés que tengo hace tiempo. Yo escribí en general, antes, sobre izquierdas. Pero venía viendo como estas nuevas derechas radicales o alternativas venían construyendo un nuevo tipo de estética distinto. Un discurso más agresor, más antisistema. Intenté armar un mapa de cómo funciona hoy una derecha que juega una especie de batalla cultural antiprogresista que puede funcionar en las redes sociales. Durante la pandemia lo vimos más en las calles.
Históricamente, en movimientos de izquierda y el progresismo parecía estar la rebeldía. La idea de cambiar el mundo desde un lugar de transformación. ¿Qué te lleva a vos advertir esta nueva situación?
Habitualmente estamos mas acostumbrados a asociar la idea de rebeldía a la izquierda. Quizás habría que ir más atrás para ver una derecha que también se propuso alterar el status quo democrático liberal, que fue en los años 30. Hoy la situación es muy distinta, pero a veces hay ciertas rimas en la historia. Las derechas alternativas de hoy son muy distintas a esas. La figura de Donald Trump es muy clara al respecto. Es muy difícil atribuirle a Trump el mote de conservador, porque más bien pareció haber venido a patear el tablero y la institucionalidad estadounidense. La toma del Capitolio quizás fue el acto más antisistema de eso. Hoy aparecen figuras de derecha con una estética y un tipo de discurso alejado de la imagen que teníamos de las derechas de la era de Tatcher, Reagan, Bush. Se trata de unas derechas que pasaron de ocupar lugares más marginales a ocupar el centro político. Está en ciertos nichos de internet, en otros espacios también en el ámbito electoral, como en Europa.
¿Cuáles son las características de esta nueva derecha? Te pregunto en función de la importancia que las redes sociales tienen para su difusión y también esto que es el “anti-todo”, el “no se bien de que se trata, pero por las dudas me opongo”.
Hay una idea de conexión con el pueblo, por eso algunos hablan de “populismo de derecha”, hay una posición anti-élite en general, ciertos repliegues nacionalistas, una especie de transformación del viejo discurso sobre superioridad racial en términos culturales. Hoy no van a hablar de que una raza es superior, pero sí pueden decir que Europa está siendo invadida por inmigrantes y que eso está provocando un desplazo de la civilización europea por civilizaciones no blancas. Detrás de eso, también hay diferencias: hay extremas derechas más neoliberales en lo económico y otras más partidarias de un “chovinismo de bienestar”, o sea, un Estado de bienestar pero solo para los nativos; unas extremas derechas más atlantistas y otras que simpatizan más con el euroasiatismo y Vladimir Putin; algunas más antisemitas y otras que ven a Israel como un aliado en la batalla contra el Islam. Entonces hay diferencias, pero hay un gran paraguas que es una especie de batalla cultural antiprogresista que unifica muchos de esos mundos.
También me llama la atención cómo el colectivo LGTBQ+ podría estar integrando en una parte este lugar. En la Argentina, ¿vos qué ves de esto?
En el caso argentino, lo que vemos es un hecho bastante curioso de importación de lo que en EEUU llaman el “paleolibertarismo”, el libertarismo de derecha, que es una corriente que articula valores muy antiestatistas, incluso en algunos casos anarcocapitalistas, y valores sociales conservadores e incluso reaccionarios. Esa combinación es la que llegó a Argentina de manera, yo creo, casual, a partir de la figura de Javier Milei y demás, que tuvo un impacto en sectores juveniles. Eso hace que se diferencie mucho en su estilo del viejo liberalismo argentino mucho más acartonado y elitista, que no llegaba para nada a sectores más amplios. La figura de Milei contribuyó mucho a la politización de gente muy joven en esta clave. Hay un intento de algunos sectores, bastante heterogéneos y divididos entre ellos, de construir una alternativa a la derecha del PRO. Similar a lo que sucedió en España, donde surgió un partido que se llama Vox, a la derecha del Partido Popular. Hay un esfuerzo de hacer algo que resuena de esa experiencia española.
En el conurbano norte y noroeste se dan las “panterfest”, esas fiestas que se hacen en ShowCenter, donde de repente estuvo Milei disfrazado, buscando votos. Nada que ver con la política de hoy en día en donde se buscan votos en las redes sociales o, antiguamente, en un acto, o recorriendo los domicilios tocando timbres. ¿Cuándo ves esa situación o a Boggiano bailando un tema con Canosa, qué pensás?
Nosotros en Argentina estamos acostumbrados a pensar en el liberalismo conservador: Álvaro Alsogaray, Alberto Benegas Lynch; figuras que estaban muy lejos de ese tipo de estéticas. Hoy lo que vemos es eso, a Milei en un festival de otakus vestido de manga, de cosplayer, haciendo de superhéroe, con un lenguaje que está muy lejos del convencional de los liberales conservadores argentinos. Eso es lo que pegó en un sector joven que lo sigue. Eso se explica, en mi opinión, porque la forma en que circulan las ideas es distinta. Antes si querías ir a una reunión liberal, tenías que ir a un lugar que para muchos chicos era un lugar muy alejado culturalmente, espacios muy elitistas. Hoy basta con ver videos de YouTube o seguir eventos por Zoom, y eso amplió mucho el radio de influencia de estas ideas. Es imposible pensar esta nueva derecha, que el académico ítalo-español Steven Forti llama extremas derechas 2.0, sin pensar en la cultura de Internet, donde hay foros y otro tipo de lenguajes. Está el “trolleo” que es como una especie de guerrilla cultural. Están los memes. Hay toda una forma de lenguaje político que pega bastante.
Vos decías que en la Argentina se está planteando esta construcción por fuera de Juntos por el Cambio, pero se ve una preocupación de la titular del PRO, Patricia Bullrich, de ver si el núcleo duro lo puede retener con un discurso muy fuerte. ¿Cómo observás esta puja?
Creo que viene por fuera y por dentro. Patricia Bullrich es un personaje que podría ser parte de eso y que fue tomando con el tiempo mucho de este discurso. El otro día estaba caceroleando en Olivos. Su discurso mucho más a la derecha del que podría ser el de Horacio Rodríguez Larreta, me parece que les dificulta la tarea a los que quieren construir una fuerza a la derecha del PRO. Eso pasó también en Madrid, la candidata del PP y actual presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuzo, está muy a la derecha, y eso frenó el crecimiento de Vox. Bullrich es un personaje que representa bastante a esa estética provocadora.
