El Gobierno avanzó en negociaciones por otros US$ 4.000 millones con entidades financieras internacionales y busca garantizar los próximos vencimientos de deuda. El FMI respaldó la estrategia, aunque alertó por el crecimiento de los compromisos externos y el peso de los acreedores privilegiados.
El equipo económico de Javier Milei profundizó su esquema de endeudamiento externo para sostener el pago de la deuda en dólares. Luis Caputo negoció un nuevo préstamo por US$ 4.000 millones con bancos internacionales, en una maniobra que apuntó a garantizar los vencimientos hasta las elecciones presidenciales de 2027.
La operación formó parte de las conversaciones entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional durante la última revisión del programa. El directorio del organismo aprobó el desembolso de US$ 1.000 millones y difundió un informe técnico en el que detalló cómo el Gobierno buscó cubrir las necesidades financieras de los próximos años.
Según el FMI, el Ministerio de Economía cerró los detalles finales de un crédito a seis años con bancos privados. El esquema incluyó un período de gracia de tres años. En ese lapso, la Argentina no afrontará pagos de capital.
El punto central del acuerdo pasó por las garantías internacionales para reducir el costo del financiamiento. El Banco Mundial, el BID y la CAF participarían como respaldo de entre el 40% y el 95% del monto total. Con esa estructura, Economía intentó bajar la tasa de interés en dólares y evitar una colocación directa en Wall Street.
Caputo ya había descartado una vuelta inmediata al mercado internacional por el elevado costo financiero. El ministro sostuvo que la tasa rondaba el 10%, un número que el Palacio de Hacienda consideró demasiado alto para emitir nueva deuda soberana.
El préstamo con bancos privados se sumó a otras herramientas financieras que el Gobierno puso en marcha durante los últimos meses. Entre ellas aparecieron los créditos Repo con bancos para fortalecer las reservas del Banco Central, emisiones de bonos en dólares dentro del mercado local y un programa de privatizaciones con el que la Casa Rosada esperó conseguir ingresos extraordinarios.
En el informe técnico, el FMI describió esta política como “una estrategia multifacética para fortalecer el acceso a los mercados de capitales nacionales e internacionales”. También señaló que el objetivo consistió en cubrir los fuertes compromisos de deuda previstos entre 2026 y 2027.
Con este esquema, Economía aseguró que quedaron cubiertos los pagos de capital de los bonos en moneda extranjera hasta las elecciones presidenciales. Allí entraron los vencimientos de julio de este año y los compromisos previstos para enero y julio de 2027.
De todos modos, el organismo también dejó advertencias sobre el rumbo financiero del Gobierno. “Estas operaciones se conciben como un puente hacia un acceso más estable al mercado, considerando los altos vencimientos de la deuda en divisas con el Fondo y los acreedores del sector privado”, planteó el FMI.
Los técnicos del organismo remarcaron otro punto sensible. Explicaron que este tipo de créditos garantizados por entidades internacionales “aumentan la proporción de deuda senior en un escenario adverso”. Esa categoría incluye a acreedores con prioridad de cobro frente a otros tenedores de bonos.
Esa observación abrió dudas dentro del mercado financiero. Aunque no aparecieron pronósticos de default, algunos inversores analizaron el impacto que podría tener el aumento de deuda privilegiada sobre el valor de los bonos argentinos.
El FMI también trazó una hipótesis a futuro. Según ese escenario, la Argentina podría regresar a los mercados internacionales entre 2027 y 2031 para refinanciar deuda y captar hasta US$ 11.000 millones por año. Para alcanzar ese objetivo, el riesgo país debería caer hasta la zona de los 350 puntos.
