El propio gobierno se encargó de difundir una foto entre él y Kirchner hablando confidencialmente. Uno de sus voceros destiló rabia. Se notan aires espesos en su entorno y todos apuntan a Alberto Fernández. Buscan desmentir una reunión con Stornelli.
Fuente: La Política On Line
Daniel Scioli tiene desconfianza. La semana pasada estuvo con el matrimonio presidencial en Tandil y el propio gobierno se encargó de difundir una foto entre él y Kirchner hablando confidencialmente. Uno de sus voceros destiló rabia. Aunque el estilo bonachón y tranquilo del vicepresidente no se altere, hay aires espesos en su entorno, y todos le apuntan a Alberto Fernández.
El sciolismo trata en forma insistente de desmentir un encuentro con el fiscal Carlos Stornelli, pero a esta altura la información esta confirmada. El intento es comprensible: buscan despegarse de lo que consideran “terminó siendo una operación contra el fiscal”.
“Entre Carlos (Stornelli) y Daniel siempre hubo diálogo, tienen un mutuo respeto y muchas veces se lo consultó por diferentes temas. Pero ahora que salga esto, con Skanska, queda como un intento de cooptación que no era nuestra intención”, explican cerca del vicepresidente.
El maltrato público que sufrió la cuidada imagen del vicepresidente hizo crecer en el entorno de Scioli la paranoia habitual que existe sobre el futuro de su candidatura. Con el único soporte político de su legislador porteño Alberto Pérez y su hermano Pepe Scioli –de inquietante actuación en la Corporación Puerto Madero, algunos dicen a tiro de “carpetazo”-, Scioli sabe que sólo una palabra presidencial lo deja a la intemperie y sin candidatura.
Tan aguda es su dependencia política en estos momentos, que es el único caso que se recuerde de un candidato a gobernador que no puede intervenir en el armado de las listas de legisladores y concejales, ni en las postulaciones a intendentes, armado que monopoliza la Casa Rosada a través de diversos operadores. Incluso, Scioli está condicionado en el armado de su eventual gabinete si es que gana las elecciones. Pero ningún poder es para siempre, y Scioli apuesta en ese sentido al tiempo, frente a la hoy implacable maquinaria kirchnerista. Mientras tanto, traga saliva y aguanta los golpes.
SILENCIO DE RADIO
De alguna forma, la corrección de Scioli en sus modales es algo que trata de impregnar en su gente cercana. Por eso, la incomodidad se nota en comentarios al pasar, en apostillas como se dice, que evidencian que hay “bronca acumulada y guardada”.
En medio de la marea y fiel a su estilo, el vicepresidente se mostró inmutable. Siguió con sus actos por territorio bonaerense como si nada hubiera pasado. Ni una mueca. Silencio de cementerio.
La Política Online trató en vano de hablar con otras fuentes para tratar de acumular información. Uno de ellos, hombre de máxima confianza de la mano derecha del vicepresidente graficó con expresión cabal la situación. “De ese tema no hablamos. Cero comentarios, cero”.
Otros voceros dicen al pasar que entre Aníbal Fernández y Stornelli hay una relación de larga data, y que deben preguntarles a ellos lo que hablan en privado. Pero, sin duda, el máximo resquemor es con Alberto Fernández a quien ubican en el lugar del operador directo del presidente.
“Pregúntele a Alberto que pasó, nosotros no tenemos nada para decir por ahora”, sintetizó otro consultado, quien sin embargo adelantó que a la agenda proselitista de Scioli “no se le cambiará ni una coma”.
