El clima de la semana arrancó con una señal inesperada que alteró la calma del feriado. Una frase, lanzada casi al pasar, volvió a poner en foco las tensiones internas del Gobierno. Para algunos fue otra advertencia más dentro de la disputa de poder; para quienes siguen de cerca a Santiago Caputo, en cambio, no hubo sorpresa: desde hace tiempo desliza dudas sobre su continuidad e incluso ha mencionado la posibilidad de alejarse. El desenlace podría definirse en pocos meses, o quizá dilatarse indefinidamente, pero hoy el escenario parece encaminarse hacia un final difícil de evitar.
Aunque ya había atravesado momentos críticos —sobre todo tras los cambios en el gabinete luego de las elecciones—, en esta etapa el asesor percibe que su cercanía personal con Javier Milei ya no se traduce con la misma fuerza en decisiones políticas. Incluso, quienes observan de cerca la relación notan que los gestos de afecto del Presidente se han vuelto menos intensos.
El vínculo, sin embargo, sigue siendo estrecho. Milei mantiene hacia él una consideración especial y un afecto que expresa tanto en público como en privado. En su entorno incluso hablan de que comparten “momentos esotéricos”, siempre resguardados en la intimidad. Pero el pulso del gabinete hoy lo marca Karina Milei, cuya avanzada parece no tener freno. Mientras el Presidente busca sostener a su asesor, su hermana avanza para acotarlo. La experiencia reciente indica que, cuando se produce ese choque, la balanza termina inclinándose a su favor.
En el último mes, Caputo habría protagonizado dos encuentros tensos con el Presidente. El primero ocurrió a comienzos de marzo, cuando ya se encaminaba la llegada de Juan Bautista Mahiques al Ministerio de Justicia. El asesor había advertido sobre los riesgos de esa designación, tanto por el rechazo que podía generar en sectores de Comodoro Py como por sus vínculos con la AFA, en un contexto donde el Gobierno buscaba presionar a Claudio Tapia y Pablo Toviggino.
Pese a esas objeciones, la decisión avanzó. Karina Milei logró imponer al candidato impulsado por los primos Menem y respaldado por Santiago Viola, hoy viceministro. El Presidente conoció a Mahiques el mismo día de su jura; su hermana, previamente.
El segundo cruce fuerte se habría dado días atrás, con el objetivo de contener un clima interno cada vez más enrarecido. Lejos de calmarse, las preocupaciones judiciales se intensificaron en paralelo con la reactivación del caso $LIBRA. Dentro del oficialismo, algunos sostienen que las filtraciones vinculadas al celular del lobista Mauricio Novelli responden a sectores desplazados tras los cambios en Justicia. En ese entramado aparecen el juez Martínez de Giorgi, a cargo de esa causa, y Ariel Lijo, vinculado al expediente por el vuelo de Manuel Adorni.
Tras ese segundo encuentro, Milei y Caputo habrían acordado reunirse semanalmente para evitar que las diferencias escalen sin retorno. Esta semana cumplieron con ese compromiso, aunque resta ver si la dinámica se sostiene.
En simultáneo, se registraron gestos que fueron leídos como una reivindicación hacia el asesor. El resultado favorable en el litigio por YPF dio protagonismo a áreas alineadas con su espacio, como la Procuración del Tesoro y la Secretaría Legal y Técnica encabezada por María Ibarzabal. Su presencia en la cadena nacional fue interpretada como un guiño político en medio de semanas adversas.
También hubo satisfacción por el reconocimiento del titular de la CIA, John Ratcliffe, al jefe de la SIDE, Cristian Auguadra, tras su encuentro en Langley. El sector vinculado a Caputo se encargó de amplificar ese gesto en un contexto donde la inteligencia es otro frente de disputa interna.
Sin embargo, esas señales no alcanzan para revertir un deterioro que muchos consideran inevitable. En el entorno del asesor creen que Karina Milei está decidida a avanzar sobre su influencia y que nuevas áreas podrían quedar bajo su control. Él mismo habría anticipado a sus allegados que resistirá hasta donde pueda antes de ceder.
Del otro lado, cerca de la secretaria general y del círculo de los Menem no ocultan su intención de limitar su poder. Allí sostienen que el llamado “triángulo de hierro” evolucionó hacia un esquema con dos polos: Milei enfocado en la economía y la batalla cultural, y su hermana concentrando el control político y de gestión. “Javier nunca cambió; es ella la que amplió su rol a partir de la elección de octubre”, sintetiza un integrante del Gabinete. En ese diseño, el lugar de Caputo aparece cada vez más reducido.
Una eventual salida del asesor implicaría un giro profundo en el rumbo del proyecto libertario. No sólo por los cambios que generaría en áreas clave bajo su órbita, sino por su peso simbólico: es quien representó el perfil antisistema del Presidente y quien moldeó su estrategia comunicacional y digital.
Durante años, fue el arquitecto detrás del estilo disruptivo de Milei, el estratega que transformó su figura en la de un outsider con fuerte impacto político. Pero el escenario cambió. Con el triunfo electoral consolidado, se abre una etapa más pragmática, con mayor verticalidad y concesiones al poder establecido. Es, según algunos, el tiempo de los leales por sobre los creativos.
En ese contexto surge una pregunta clave: ¿qué es hoy La Libertad Avanza? ¿Un movimiento transformador o un partido más dentro del sistema político argentino? Para Caputo, ese interrogante no es menor, porque intuye que la respuesta puede definir su destino.
En paralelo, los movimientos en el Ministerio de Justicia también repercutieron en la Corte Suprema. La llegada de Mahiques y Viola fue bien recibida en el entorno de Horacio Rosatti, donde se reactivó el diálogo con la Casa Rosada. Como parte de ese entendimiento, se habría acordado no cubrir vacantes en el tribunal durante el actual mandato presidencial.
Sin embargo, la reacción no fue homogénea. Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti manifestaron reparos, tanto por el rol político de Mahiques como por la trayectoria de Viola. Esa tensión derivó en una nueva iniciativa para modificar el sistema de selección de jueces en el Consejo de la Magistratura, con el objetivo de reducir la discrecionalidad política.
La propuesta, firmada por ambos magistrados, expuso diferencias internas, ya que no contó con el aval de Rosatti. Aunque argumentó incompatibilidades por su doble rol, sus colegas interpretaron que evitó confrontar con el resto de los consejeros.
Por primera vez en un tema de peso institucional, la Corte mostró una falta de unanimidad que dejó al descubierto un reacomodamiento interno. Rosenkrantz comenzó a marcar distancia de Rosatti, rompiendo una dinámica que durante años había aislado a Lorenzetti.
Las tensiones aún no configuran una ruptura abierta, pero sí reflejan un cambio en el equilibrio del máximo tribunal. Mientras tanto, en el oficialismo minimizan el conflicto y relativizan la prioridad de la reforma impulsada.
En este nuevo tablero, Milei parece haber dejado atrás sus antiguos enfrentamientos con la Corte y avanzó hacia una relación más pragmática con la Justicia. Para ello, desplazó al equipo de Caputo y adoptó el esquema promovido por Karina Milei y los Menem.
Las consecuencias de ese viraje aún están en desarrollo, pero impactan tanto en la dinámica interna del Gobierno como en el rumbo de las causas judiciales más sensibles. Allí se juega una parte clave del futuro político de la administración libertaria.
