Hace seis meses advirtió que no se debían bajar impuestos para ganar elecciones y hoy anunció retenciones cero hasta el 31 de octubre. El giro genera críticas por su oportunismo y el impacto fiscal.
En marzo, durante su exposición en Expoagro, Javier Milei se mostró en contra de utilizar las retenciones como herramienta electoral. En aquel momento aseguró: “No le sirve a nadie que las bajemos para sacar rédito político en las elecciones y después el modelo revienta”. Esa frase fue repetida por distintos dirigentes y medios para subrayar su postura.
Sin embargo, a poco más de un mes de las elecciones nacionales, el presidente anunció la eliminación de las retenciones para todos los granos y la carne hasta el 31 de octubre, apenas cinco días después de los comicios. La medida, presentada como un alivio para el sector agropecuario, encendió críticas por su evidente carácter transitorio.
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En marzo, durante su exposición en Expoagro, Javier Milei expresó su deseo de quitar las retenciones pero aseguraba: “No le sirve a nadie que las bajemos para sacar rédito político en las elecciones y después el modelo revienta»️
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— El Destape (@eldestapeweb) September 22, 2025
El giro en la estrategia oficial puso en discusión la coherencia del Gobierno. Lo que hace meses se consideraba “irresponsable” para Milei ahora se convirtió en política pública. Productores y economistas señalan que la quita temporal tiene un costo fiscal estimado en más de mil millones de dólares y advierten que no hay certezas sobre qué pasará después de la fecha límite.
La oposición acusó al presidente de usar recursos públicos para influir en la campaña y de repetir el patrón que él mismo criticó en gobiernos anteriores: bajar impuestos para sumar votos y luego revertir la medida. Especialistas en política económica advierten que este tipo de decisiones, sin un marco estable, aumentan la incertidumbre en el sector y comprometen las cuentas fiscales.
El anuncio también contradice la promesa presidencial de eliminar retenciones “para siempre” de manera gradual y sostenida. Sin un plan claro, la medida corre el riesgo de convertirse en un gesto electoral antes que en un cambio estructural de la política tributaria.
