“Que no se me enoje Boric, pero es cierto”, consideró la ministra de Seguridad del gobierno de Javier Milei. Sus declaraciones generaron malestar entre los dirigentes chilenos.
La ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, en un encuentro por la lucha contra el narcotráfico en Bariloche, volvió a cargar culpabilidad contra Chile por la delincuencia existente en la Patagonia al decir que hay «modalidades delictivas» que provienen de aquel país y dijo que existe «compra de inhibidores» de vehículos para abrir autos y desactivar alarmas del lado argentino». La respuesta del embajador chileno en Argentina.
Bullrich aseguró que desde el país trasandino viene la «modalidad de utilizar inhibidores para abrir y robar vehículos llegó desde el otro lado de la frontera, ya que en territorio chileno son elementos de uso libre, que la gente compra como telecomandos de uso hogareño».
En ese marco, y con el antecedente de hace unos meses cuando la ministra dijo que había terroristas de Hamás en Iquique, al norte de Chile, que provocó un encontronazo diplomático, la titular de la cartera de Seguridad expresó: «Que no se me enoje Boric, que antes se me enojó, pero esto es cierto».

En ese momento, Boric se enojó y ordenó enviar una nota de queja formal que obligó a la ministra argentina a disculparse. Ahora, el embajador chileno en nuestro país, José Antonio Viera-Gallo, lamentó los dichos de la ministra y señaló que «se tienen tonos muy distintos» en ambos países.
«Hay tres millones de personas que cruzan la frontera, una frontera de 5.700 kilómetros de longitud, hay no sé cuántos pasos. Ojalá no hubiera todo esto que estamos hablando, pero los dos países tienen sus problemas de seguridad», agregó.
«Se ha hablado a veces de que hay un cierto contrabando de armas que viene de Argentina a Chile -continuó Viera-Gallo-. También había muchachos chilenos jóvenes que eran contratados por el crimen organizado para ayudar a hacer asaltos en algunos lugares en Argentina».
«La colaboración permanente entre las policías, con Interpol, y la relación también bastante fructífera entre las fiscalías de ambos países. Tenemos una colaboración policial muy estrecha con la República Argentina, con sus autoridades y con las provincias, especialmente con la provincia de Santa Fe, la ciudad de Rosario, que es un puerto donde ha habido mucho narcotráfico, muchos problemas», concluyó.

No es la primera vez que hay cortocircuitos entre funcionarios chilenos y argentinos. Desde el presidente, Javier Milei, hasta la vice, Victoria Villarruel, también tuvieron distintas declaraciones que no cayeron bien en el gobierno izquierdista trasandino.
El ex canciller de Macri y actual embajador en Chile, Jorge Faurie, fue acusado de haber maltratado a diplomáticos de aquel país: habría dicho que «Argentina ya era potencia agrícola mientras ustedes recién aprendían a comer», dijo en un evento en el lado argentino del Paso Los Libertadores el pasado 15 de marzo.
La relación entre el gobierno de Milei y el de Boric
En agosto, Boric decidió no recibir a Milei en su viaje a Chile. El presidente chileno estaba molesto por la informalidad con la que gestionaron la bilateral y e vínculo del libertario con José Antonio Kast, líder de ultraderecha y principal opositor y por eso descartó una recepción formal en La Moneda.
Sin embargo, el presidente fue invitado y estuvo en la asunción de Milei como presidente el 10 de diciembre: «Le deseo mucha fuerza al pueblo argentino. Sepan que el gobierno chileno va a estar junto a ustedes», afirmó Boric en declaraciones a la televisión del Senado argentino.
Y agregó: «Lo que se pueda colaborar va más allá de las diferencias entre los líderes, ya que el mandato de los pueblos siempre va a prevalecer».
