El presidente de Estados Unidos impulsa un cambio en la legislación actual. Hoy por hoy, los homosexuales pueden ingresar a sus filas sólo si no revelan su condición sexual.
En 1948, el presidente demócrata Harry Truman puso fin a la segregación racial que había en el seno de la Fuerzas Armadas estadounidenses. Más de seis décadas después, el presidente Barack Obama quiere terminar ahora con la discriminación que hay en contra de los soldados homosexuales.
El secretario de Defensa, Robert Gates, y el Jefe del Estado Mayor conjunto, Mike Mullen, dieron ayer el primer paso en esa dirección. Durante una audiencia en el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado anunciaron que el gobierno de Obama realizará una revisión de la política del "don't ask, don't tell" (no me pregunte, no diga) mediante la cual los homosexuales pueden ingresar en la FF.AA. si no revelan su orientación sexual.
"Cualquiera sea el ángulo que adopto para mirar este asunto, no puedo dejar de preocuparme por el hecho de que estamos instrumentando una política que obliga a jóvenes, hombres y mujeres, a mentir quiénes son para poder defender a sus conciudadanos", dijo Mullen, convirtiéndose en el primer Jefe de Estado Mayor Conjunto que se pronuncia a favor del ingreso de los homosexuales a las FF.AA. sin restricciones.
Obama, como Mullen y Gates, considera que, antes de poner fin a la política de "don't tell, don't ask", es necesario realizar un estudio sobre el impacto que esta medida puede tener en el funcionamiento de las FF.AA. El estudio estará a cargo de un civil, el Consejero Legal del Pentágono Jeh Johnson, y de un militar, el general Carter Ham, comandante del Ejército estadounidense en Europa. Se calcula que el estudio durará aproximadamente un año y que incluirá un sondeo de opinión entre los propios soldados para ver qué piensan al respecto.
En medio de dos guerras simultáneas, Gates anunció que el Pentágono instrumentará la política actual de una manera "más humana y más justa", sugiriendo que no darán de baja a los soldados homosexuales cuya orientación sexual sea revelada por terceros.
En efecto, hasta ahora, si un soldado denunciaba la homosexualidad de uno de sus compañeros, el soldado era inmediatamente dado de baja. Según Gates, "tenemos suficiente margen de maniobra dentro de la ley para cambiar nuestros procedimientos internos de una manera que sea más apropiada y justa para nuestros jóvenes en uniforme". Para terminar con la segregación de los homosexuales en las Fuerzas Armadas se necesita, sin embargo, que el Congreso revierta la ley que existe actualmente. Y eso no será tan fácil.
Los que están a favor argumentan que, si ya hay cientos de homosexuales en las FF.AA., por qué no dejar que digan abiertamente quiénes son. Los que están en contra dicen, sin embargo, que eso provocará muchas tensiones entre los soldados conservadores que no creen en la homosexualidad y que tienen que compartir dormitorios o baños.
