Hablaron por primera vez y denunciaron las increíbles maniobras del fiscal, el juez y el chofer Centeno.
El juicio por la Causa Cuadernos se inició en noviembre pasado. Desde entonces, sólo se leyeron las distintas acusaciones. Este martes fue la primera vez que pudieron hablar los defensores de quienes fueron acusados por haber supuestamente entregado dinero a Baratta, por entonces número 2 del Ministerio de Planificación.
En total, están acusados 19 exfuncionarios y 65 empresarios. Entre los abogados que tomaron la palabra estuvieron Carlos Beraldi, defensor de Cristina; Maximiliano Rusconi y Gabriel Palmeiro, abogados de Julio De Vido; Marcos Aldazábal y Elizabeth Gómez Alcorta, letrados de Roberto Baratta; Ricardo Saint Jean, que representa a dos empresarios y Aníbal Ibarra, defensor de Daniel Alvarez, secretario de los Kirchner, que no está nombrado en los cuadernos, pero fue imputado por encubrimiento.
Beraldi, el defensor de Cristina, hizo numerosísimas referencias al fallo que condenó al falso abogado D’Alessio. Sucede que en ese juicio oral y en todo el expediente, quedó en claro que D’Alessio trabajó para el fiscal Stornelli y que, mediante un engaño, fabricaron que los cuadernos tenían relación con la compra de Gas Natural Licuado (GNL), una causa que Stornelli y Bonadio ya instruían desde antes. A partir de esa complicidad de D’Alessio, armaron una falsa conexidad y Stornelli y Bonadio se quedaron con la causa de los cuadernos, partiendo de fotocopias.
Beraldi señaló que hubo reuniones previas al inicio de la causa del periodista de La Nación, Diego Cabot, tanto con Stornelli, como con Bonadio. Después se armaron falsas actas con declaraciones de D’Alessio y se lanzó una redada de más de 100 detenciones.
“Los arrepentidos son falsos arrepentidos”, dijo Beraldi.
El primero de los arrepentidos fue el propio Centeno, a quien metieron en una habitación de Comodoro Py y lo obligaron a cambiar de abogado. Después de eso, a los exfuncionarios y empresarios que detuvieron los ponían entre la espada y la pared: o nombraban a Cristina y se iban a dormir a su casa, o dormirían en el calabozo.
Todo esto fue denunciado, entre otros, por el empresario Gerardo Ferreyra, de Electroingeniería. Stornelli decía por entonces que “hay pocas sortijas”, o sea que fiscal y juez iban a adjudicar los arrepentimientos a piacere.
La defensa de De Vido, a cargo de Rusconi y Palmeiro, recordó que en la causa Vialidad, tanto Cristina como De Vido fueron sobreseídos por el delito de asociación ilícita. Es un viejo truco de la justicia alineada con el macrismo: cuando no hay evidencias, se engloban las cosas acusando a los imputados de ser jefes u organizadores de una asociación ilícita.
