Cerca del presidente aseguran que no temen que la economía haya entrado en un peligroso sendero de «depresión económica», tal como advirtieron varios economistas independientes que fueron duramente criticados por Milei en el foro de la Fundación Libertad.
A pesar de los datos preocupante que se empezaron a conocer sobre la caída en la actividad económica, y la atenta mirada del FMI que pidió que el ajuste no recaiga en el lomo de los trabajadores y los jubilados, Javier Milei ratifica su «plan de motosierra».
Cerca del presidente aseguran que no temen que la economía haya entrado en un peligroso sendero de «depresión económica», tal como advirtieron varios economistas independientes que fueron duramente criticados por Milei en el foro de la Fundación Libertad.
Si bien admiten que estamos en una crisis de recesión, esperan salir con un repunte de la actividad condicionada a la liberación del cepo cambiario.
También aseguran que no necesitan financiamiento extra del FMI y que para la salida del CEPO cambiario, como medida condicionante para el rebote de la economía que vaticinó Milei con la frase: «el pedo del buzo». Apelarán a la receta que, según dicen, les viene funcionando: licuar el poder adquisitivo de los salarios para cooptar los dólares del colchón de los argentinos.
Además, hay datos que se celebran en la Casa Rosada: el BCRA informó que las reservas superaron este mes de abril los 30.000 millones de dólares, lo que pone a Milei cada vez más cerca de esa meta.
«Por supuesto que preocupa la recesión, pero habría que reclamarle a la administración anterior que dejó una bomba de tiempo», señaló la misma fuente.
En esa línea, Milei expresó horas después ante los más grandes empresarios en su duro discurso en la cena de la Fundación Libertad: «El poder es un juego de suma cero, nosotros tenemos el poder, no ellos», en una demostración de fuerza ante las dudas sobre si esta vez el Congreso le votará o no la ley ómnibus, y ratificó que está dispuesto a seguir gobernando por decreto, en el marco de la teoría de no reconocer y no negociar con la oposición, a la que considera «el enemigo».
