Los datos oficiales marcaron una nueva caída en la cantidad de empleadores y trabajadores. La baja se explicó por menor creación de firmas, retracción del consumo y cambios en el mercado laboral.
El inicio de 2026 dejó un saldo preocupante en el entramado productivo. Enero registró un retroceso neto de 1.572 empresas, lo que implicó la desaparición de cerca de 70 firmas por cada día hábil. El dato consolidó una tendencia que se profundizó a lo largo del último año.
Las cifras de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo expusieron con claridad la magnitud del fenómeno. En diciembre de 2024 el sistema contabilizó 500.141 empleadores. Doce meses después, el número cayó a 489.749. En enero de 2026, la cifra descendió a 488.177. La comparación interanual reflejó una pérdida de 11.194 empresas, con un promedio cercano a mil cierres mensuales.
El deterioro también se observó en la comparación con el inicio de la actual gestión. En noviembre de 2023 se registraron 512.357 empleadores y más de 9,8 millones de trabajadores. Dos años después, el sistema mostró 488.177 unidades productivas y 9.567.050 empleados. La caída alcanzó el 5% en empresas y el 3% en puestos de trabajo.
En términos acumulados, el recorte resultó aún más significativo. En 26 meses desaparecieron 24.180 unidades productivas y se perdieron 290.123 empleos. La reducción afectó tanto al sector privado como al público.
Durante enero, el empleo mostró un leve repunte por factores estacionales. La agricultura y la construcción impulsaron un aumento de 7.593 trabajadores. Sin embargo, la industria, la enseñanza y la intermediación financiera continuaron en baja.
Desde el organismo oficial explicaron el alcance del universo relevado. “Por unidades productivas se entiende a entidades, empresas u organismos públicos o privados que reúnen a una o más personas trabajadoras, y que producen bienes o servicios”, precisó la SRT en su informe.
El comportamiento del sector empresario mostró distintas etapas. Tras el cierre de 2023, la cantidad de firmas comenzó a descender con fuerza en los primeros meses de 2024. La devaluación y el ajuste del gasto impactaron con mayor dureza en la construcción y el empleo estatal. Luego, el ritmo de caída perdió intensidad, aunque nunca se revirtió.
Los especialistas identificaron varios factores detrás de los cierres. Las empresas jóvenes resultaron las más vulnerables, en especial aquellas con menos de tres años de actividad. Muchas no lograron sostener los costos iniciales en un escenario de consumo debilitado. A la vez, algunas compañías dejaron de producir y pasaron a comercializar bienes importados.
El fenómeno también alcanzó a firmas de mayor tamaño. En esos casos, se registraron programas de retiros voluntarios y recortes de personal. En paralelo, el empleo nuevo se canalizó en gran parte hacia el monotributo, lo que redujo el peso del trabajo en relación de dependencia.
Otro dato clave fue la menor creación de empresas. La tasa de apertura quedó por debajo de los niveles históricos y no compensó las bajas. Desde la Secretaría de Trabajo señalaron: “un aspecto crítico de esta evolución es el rol de las aperturas y los cierres de empresas. La contracción en el stock de empresas no se origina necesariamente en un volumen de cierres históricamente elevado, sino en una marcada debilidad en la apertura de nuevas unidades productivas. Esta asimetría revela que el problema estructural de la dotación empresarial reside en la escasa creación de firmas, la cual no alcanza a compensar la salida natural de empresas del sistema. En consecuencia, la pérdida de unidades productivas se explica fundamentalmente por un déficit en la tasa de natalidad empresarial más que por una aceleración atípica en los ceses de actividad».
En el mercado laboral, el impacto tuvo múltiples causas. El empleo formal cayó en ambos sectores, creció la informalidad y aumentó la cantidad de monotributistas, que quedaron fuera del sistema de riesgos del trabajo. El cuadro general mostró un tejido productivo más chico y un mercado laboral más fragmentado.
