La derrota de 2017 funcionó para Sergio Massa como una advertencia: fuera del peronismo no había horizonte posible. Ocho años más tarde, con el triunfo del oficialismo del 26 de octubre todavía reciente, decidió dejar en pausa la idea de conformar un bloque propio en la Cámara de Diputados. Su convicción, sin embargo, es otra: el peronismo en el que milita desde 2019 necesita ensanchar sus límites si pretende volver a ser una alternativa de poder. Ese será su eje político rumbo a 2027, con la expectativa —según confían en su círculo íntimo— de transformarse en el referente que encabece una reunificación del espacio.
En las últimas semanas circuló la posibilidad de que los ocho diputados que responderán al Frente Renovador (FR) desde el 10 de diciembre armaran una bancada separada dentro del interbloque de Unión por la Patria (UP). La propuesta se deslizó en conversaciones informales como una vía para que el massismo recuperara autonomía y recomponiera vínculos con sectores peronistas reacios a convivir con el universo alineado a Cristina Kirchner. “Natalia De la Sota y los diputados de Llaryora no van a querer compartir bloque con Grabois”, ejemplificó uno de los impulsores de ese diseño.
Sin embargo, la idea se desactivó por motivos prácticos. Los legisladores que responden a gobernadores del peronismo no kirchnerista —como Gustavo Sáenz en Salta, Martín Llaryora en Córdoba y Osvaldo Jaldo en Tucumán— no tienen intención de integrarse a un interbloque de UP. Su estrategia será votar en función de tratativas directas con la Casa Rosada. “Calenturas y cruces hay. Pero no hay dónde ir. En esta polarización, si rompés estás laburando para Milei”, resumió un diputado del FR que asumirá en diciembre.
En ese escenario polarizado, recalcan dentro del FR, Massa aparece como el único presidenciable del peronismo con capacidad de atraer al electorado de centro. “La idea es meter a todo el mundo adentro. Sáenz, Llaryora, Jalil, Weretilneck (Alberto, gobernador de Río Negro), Rolo (Figueroa, de Neuquén)… No van a tener dónde ir en esta polarización. Hay que aprovechar y armar algo más amplio, con una gran PASO”, reflexionó un dirigente massista.
Aunque evita hablar de candidaturas, Massa deja correr que su tarea inmediata pasa por ordenar y reestructurar al peronismo, tanto en la provincia de Buenos Aires como en el resto del país. Plantea que ya no alcanza con oponerse a Milei: el peronismo debe formular respuestas concretas a las reformas que impulsa el Presidente. Su círculo más cercano en la Cámara baja está abocado a bocetar esas iniciativas.
En ese trabajo legislativo, Massa insinúa el perfil político que intentará consolidar. Suele repetir: “Las pymes y la industria nacional necesitan saber qué pensamos. El nuevo mundo del trabajo y los 11 millones de trabajadores fuera de la ley de contrato de trabajo necesitan saber qué pensamos. Los mercados internacionales no pueden sentir que somos sus enemigos cuando siempre les pagamos”.
La estrategia parlamentaria terminará de delinearse el próximo jueves, en una reunión convocada por Massa en La Plata. La sede no es casual: el FR debe resolver cómo posicionarse frente a la interna peronista bonaerense. ¿Respaldará el paquete legislativo del gobernador Axel Kicillof? “Si cumple con los planteos de los distintos sectores, sí”, respondió un dirigente provincial del FR. Entre los reclamos aparecen el fondo para los municipios, la definición de autoridades legislativas y nombramientos pendientes en la Justicia bonaerense y el Banco Provincia.
La semana pasada, Massa mantuvo encuentros separados con Kicillof y con Cristina. Según fuentes del FR, les pidió que bajaran la tensión. “En la interna familiar no nos vamos a meter”, deslizó un operador habitual entre ambos mundos. En la gobernación remarcan que el FR nunca fue neutral y que actuó en tándem con Máximo Kirchner. Para un eventual proyecto presidencial massista, Kicillof sería simplemente un competidor.
