la segunda mitad de este año será clave, ya que la mejora en el desempeño de ciertos sectores podrían impulsar la recuperación, mientras que otros rubros deberán esperar más para crecer.
La recesión económica parece no tener caída, a pesar de que el Gobierno se entusiasme con una rápida recuperación en forma de V. En paralelo, algunos economistas advierten cierto fin de la caída, pero con varias advertencias y preocupaciones.
En ese escenario, la segunda mitad de este año será clave, ya que la mejora en el desempeño de ciertos sectores podrían impulsar la recuperación, mientras que otros rubros deberán esperar más para crecer.
Vale recordar que El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que difunde el INDEC mostró en marzo una caída del 8,4% en la medición interanual -el más bajo desde agosto del 2020, durante la pandemia-, con lo que el trimestre cerró con un retroceso de 5,3%. La última vez que este indicador reportó números positivos fue en octubre pasado.
“El salto discreto inicial en el tipo de cambio oficial, la suba del Impuesto PAIS y la corrección de precios relativos generaron una marcada aceleración inflacionaria que no fue compensada por las paritarias. Como resultado, se evidenció un fuerte deterioro del poder adquisitivo a inicios del mandato, perjudicando así la demanda interna y el consumo. Paralelamente, la política monetaria y fiscal también adquirieron un fuerte sesgo contractivo, agravando el golpe sobre la economía real”, describió la consultora Ecolatina.
Naturalmente, surge la pregunta de cuando se detendrá la economía de la actividad económica:
Si bien varios economistas consideran que en abril se podría haber tocado un piso, algunos advierten que el terreno aún podría ser “pegajoso”. “Abril probablemente fue el piso de actividad, pero es pegajoso porque para la gran mayoría de los sectores productivos que dependen del mercado interno -la industria, comercio, la mayor parte de los servicios-, no hay motivos para pensar en una recuperación en los próximos meses”, explicó el director de EPyCA, Martín Kalos.
Es decir, que más alla de que se pueda alcanzar una leve mejora de los índices de actividad en abril, se trataría más de una “moderación de la caída”. Por eso, el paulatino rebote estará impulsado principalmente por la liquidación de la cosecha gruesa.
Para ponerlo en números, la consultora Orlando J Ferreres & Asociados estimó que en el cuarto mes del año la actividad económica reportó una caída de 3,1%, que equivale a una desaceleración respecto de marzo, principalmente por el mejor desempeño del agro, la minería y la producción de petróleo y gas.
“Para la industria manufacturera y el comercio, la recuperación de los ingresos reales (por paritarias que comienzan a repuntar) y una inflación desacelerando podrían reactivar la demanda, aunque no esperamos que en el corto plazo vuelvan a niveles previos a la recesión. Para la construcción, estimamos que la recuperación será todavía más lenta, con una obra pública que esta vez no jugará a favor”, expresó Ecolatina.
enumeró las variables que marcarán la evolución de la economía:
- Consumo privado, que representa casi un 70% del PIB, necesita que se recupere el salario real y mejorar el nivel de empleo, de manera que se evite una contracción de la masa salarial.
- Gasto público. “Una expansión del consumo público sería contradictoria con el objetivo de consolidación fiscal, por ende, difícilmente juegue a favor”, aseguraron en la consultora.
- Inversión. Esta variable podría mejorar en algunos sectores si es que se concretan algunas reformas y se avanza en la salida del cepo. De todos modos, el impacto no será inmediato en la actividad.
- Exportaciones. Se espera que haya números más favorables en la comparación con 2023 y podría ayudar el desempeño de sectores como los mencionados anteriormente. En contraposición, las importaciones seguirán en rojo por la caída de la demanda interna.
En resumen, Kalos alertó el sector que más demorará en recuperarse será el consumo. “Va a seguir planchado porque a la pérdida de poder adquisitivo del salario se suma el riesgo de desempleo. Tampoco se ve que haya una recuperación en el gasto público ni una inversión privada masiva. Para todos esos sectores mercado-internistas, que hoy están trabajando al 50% o 60% de su capacidad instalada, no hay motivo para pensar en invertir en el corto plazo”, evaluó.
