El gobernador bonaerense evitó cualquier gesto de confrontación con el mandatario cordobés y dejó señales de acercamiento político en una provincia históricamente esquiva para el kirchnerismo. Carlos Bianco reforzó esa línea y habló de una deuda del peronismo con la sociedad cordobesa.
La visita de Axel Kicillof a Córdoba dejó bastante más que una presentación académica y una agenda institucional. Detrás de las actividades públicas apareció una construcción política con proyección nacional y un objetivo concreto: empezar a recomponer la relación entre el kirchnerismo y el peronismo cordobés en la antesala de la disputa presidencial de 2027.
El gobernador bonaerense llegó a territorio mediterráneo acompañado por Carlos Bianco y Andrés “Cuervo” Larroque. Recorrió Cosquín, participó de un encuentro sindical en La Falda y presentó su libro en la Universidad Tecnológica Nacional. Sin embargo, el dato político más relevante pasó por otro lado: el tono que eligió para hablar de Martín Llaryora y de Córdoba.
Kicillof evitó cualquier cuestionamiento al mandatario cordobés pese a la ausencia de una foto conjunta. Llaryora viajó a San Juan para participar de una cumbre minera junto a Karina Milei y no coincidió con el bonaerense. Aun así, el dirigente de Unión por la Patria bajó el tono y dejó abierta una puerta de diálogo.
“Hablo con Llaryora”, afirmó durante su paso por la UTN. Después recordó la ayuda bonaerense durante los incendios que afectaron a Córdoba el año pasado. “Vinimos con nuestra brigada área. Entre las provincias tiene que haber colaboración, más porque el Gobierno nacional no existe”, señaló.
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La frase no pasó inadvertida dentro del peronismo. Kicillof eligió destacar coincidencias de gestión con Llaryora y evitó cualquier referencia electoral agresiva hacia el cordobesismo, un espacio que mantuvo distancia del kirchnerismo durante los últimos años.
“Hablamos con Llaryora y tenemos que encontrar coincidencias. No hablamos de un acuerdo electoral o frente, pero tenemos diálogo”, agregó el gobernador bonaerense.
El mensaje tuvo un destinatario claro. Córdoba representó durante años uno de los territorios más hostiles para el kirchnerismo. La derrota de Sergio Massa en el balotaje de 2023 profundizó ese diagnóstico dentro de Unión por la Patria. Por eso, cerca de Kicillof consideran que cualquier proyecto nacional competitivo necesita reconstruir vínculos políticos y sociales en esa provincia.
Carlos Bianco explicitó esa estrategia este lunes. El ministro de Gobierno bonaerense aseguró que la recepción que tuvo Kicillof en Córdoba “sorprendió” al oficialismo provincial y planteó una autocrítica directa hacia el peronismo nacional.
❗️ “CÓRDOBA ES UNA PROVINCIA PERONISTA, EL PROBLEMA HA SIDO MIRARLA DESDE ACÁ SIN ACERCARNOS A SU GENTE”
Tras la gira de Axel Kicillof por Córdoba, Carlos Bianco aseguró que el principal error del peronismo fue haberse alejado de la sociedad cordobesa y no haber construido un… pic.twitter.com/oY6cCl8qUQ
— Diagonales (@diagonalesweb) May 11, 2026
“Nosotros creemos que Córdoba es peronista”, sostuvo Bianco. Después apuntó contra la mirada histórica del kirchnerismo sobre el distrito mediterráneo: “Córdoba es una provincia peronista, el problema ha sido mirarla desde acá sin acercarnos a su gente”.
Las declaraciones reflejaron un cambio de enfoque. El espacio de Kicillof empezó a abandonar la lógica de confrontación con Córdoba y busca construir un vínculo más pragmático con el peronismo local, en especial con el armado que encabeza Llaryora.
En el entorno del gobernador bonaerense creen que el escenario político cambió con la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada. Interpretan que el ajuste nacional sobre las provincias puede generar nuevos puntos de contacto entre mandatarios peronistas con perfiles distintos.
Kicillof también dejó esa idea durante su paso por Córdoba. “Ante las políticas de Milei, que no son sólo de él, sino que hay una política internacional de ultraderecha, los que pensamos que debemos tener desarrollo nacional con los trabajadores, la educación… no quiero arrogarme la representación de nadie”, afirmó.
Después completó: “Toda la Argentina tiene una matriz productiva que está en riesgo”.
La construcción de Kicillof todavía transita una etapa inicial. No existen definiciones electorales ni acuerdos concretos. Sin embargo, la visita a Córdoba dejó una señal política evidente: el gobernador bonaerense ya empezó a moverse con lógica presidencial y entiende que necesita ampliar su base mucho más allá del núcleo duro kirchnerista.
En ese esquema, Córdoba aparece como una escala obligada. Y Llaryora, pese a las diferencias, como un interlocutor imposible de ignorar.
