El refuerzo de $70.000 quedó fijo desde marzo de 2024. La falta de actualización profundizó la caída del poder adquisitivo de los haberes mínimos.
El esquema previsional mostró un deterioro sostenido desde la asunción de Javier Milei. Las jubilaciones que incluyen el bono registraron una caída de 18,8% en términos reales en el trimestre febrero-abril, en comparación con el último período del gobierno anterior. El dato reflejó el impacto directo del congelamiento del refuerzo estatal en un contexto de inflación persistente.
El bono de $70.000 se mantuvo sin cambios desde marzo de 2024. El Gobierno confirmó su continuidad para abril sin modificaciones. La decisión consolidó una fuerte pérdida de ingresos para los jubilados que perciben la mínima, ya que el refuerzo perdió peso frente a la suba de precios.
Un informe del Centro de Economía Política (CEPA) mostró diferencias según el criterio de medición. Si se excluye el bono, la caída del haber resultó menor, del 2,9%. Sin embargo, el análisis que incorpora el refuerzo expuso el verdadero impacto sobre los ingresos más bajos. Ese segmento dependió en mayor medida de ese complemento.
La comparación con el último tramo de 2023 también evidenció un deterioro significativo. Si se ajusta la jubilación mínima sin bono por inflación, la pérdida del poder adquisitivo alcanzó el 12,1%. Ese cálculo tomó como referencia una canasta de consumo actualizada.
El atraso del bono amplificó la caída. Según CEPA, si ese refuerzo se hubiera actualizado con el mismo criterio que el haber, debería ubicarse en $198.015. La diferencia implicó que los jubilados de la mínima dejaron de percibir alrededor de $128.015 por mes.
En paralelo, el haber mínimo superó los $450.000 en abril tras el ajuste por la inflación de febrero, que fue del 2,9%. Aun así, ese incremento no compensó la pérdida acumulada. El deterioro se explicó por la dinámica de precios y por la falta de actualización del bono.
El Gobierno cuestionó la fórmula de movilidad anterior en los fundamentos del decreto. Señaló que no reflejaba de forma adecuada la inflación y que generaba desfasajes en los ingresos previsionales. También sostuvo que los bonos funcionaron como herramientas de compensación para los sectores más vulnerables.
El refuerzo mantuvo su carácter extraordinario. No se integró al haber, no tuvo descuentos y no se computó para otros conceptos. Alcanzó a jubilados del sistema contributivo, titulares de la Pensión Universal para el Adulto Mayor y beneficiarios de pensiones no contributivas.
En este escenario, la combinación de inflación alta y bono congelado explicó que las jubilaciones acumularan una pérdida cercana al 20% desde el inicio del actual gobierno, con mayor impacto en quienes dependen del ingreso mínimo.
