En un agónico final, los europeos ganaron por 3 a 2, con goles de Van Bronckhorst, Sneijder y Robben, y el domingo, ante Alemania o España, los naranjas buscarán su primera corona y jugarán la definición del Mundial tras 32 años; gran torneo de los charrúas.
El "sueño que se transforma en realidad" del que habló Oscar Tabárez en la previa de la semifinal estuvo cerca de concretarse. Muy cerca. Tras revertir una desventaja inicial, Uruguay le faltó el respeto al superofensivo Holanda durante varios minutos. Y el final del partido lo encontró muy cerca del empate, que hubiese significado una hazaña. Pero el trámite, parejo, dinámico, atractivo, terminó tiñéndose de naranja por el peso específico de las individualidades.
En dos jugadas, con apenas cuatro minutos de distancia, Holanda puso las cosas en su lugar. Desniveló con los destellos de sus atacantes. Y tiró por la borda las ilusiones celestes de volver a una final tras 60 años. Desterró la posibilidad de un nuevo golpe en la Copa del Mundo. Con la (sobre el final, agónica) victoria por 3 a 2, volvió a una final mundialista después de 32 años (Argentina ´78, la anterior).
Pero Uruguay todavía no se despide de Sudáfrica. Jugará su séptimo partido el sábado, a las 15.30, en Port Elizabeth, con el perdedor entre España y Alemania. Allí, tendrá una nueva posibilidad de desafiarse con una potencia. Y le dará vida a un partido que suele ser decorativo.
El encuentro en el estadio Green Point -donde se acabaron las ilusiones argentinas- había comenzado con un zurdazo implacable de Van Bronckhorst, que despertó a un Uruguay bien parado, pero sin peso adelante. A los 18 minutos, el capitán naranja aprovechó que Pérez se cerró y dejó al lateral izquierdo holandés en soledad para abrir el marcador. La Celeste, que había cedido la pelota pero trataba de presionar en campo rival, volvió a recostarse en la solvencia de sus atacantes para seguir en el partido. Fue Diego Forlán, con un remate de zurda -más la complicidad del arquero holandés- el que mantuvo viva la ilusión uruguaya a cinco minutos del entretiempo.
En la segunda mitad, Van Marwijk propuso un esquema ultraofensivo. Con el ingreso de Van der Vaar por De Zeeuw, armó una línea de cuatro volantes ofensivos y dejó a Van Bommel en soledad en la mitad de la cancha para la recuperación.
Tabárez tomó nota y mandó a sus dirigidos a provocar el golpe. Paró a la línea de cuatro bien adelante, presionó sobre Robben y se quedó con la posesión de la pelota.
Pero, en el mejor momento de Uruguay, a los 24 minutos, Sneijder -un remate sucio, con Van Persie adelantado- y Robben -con un gran cabezazo tras un centro de Kuyt- pusieron el 3-1 que tumbó todo lo bueno que había hecho el conjunto de Tabárez.
Pero aún había lugar para la garra charrúa.
En un final apasionante -inexplicablemente, sin Forlán en la cancha, sustituido por Fernández, a los ´84-, la Celeste perseveró y descontó en el primer minuto de descuento a través de una jugada preparada que definió, con clase, Maxi Pereira.
Los cinco minutos de tiempo adicional transcurrieron entre las ganas y el empuje de Uruguay y el nerviosismo holandés. Tres centros llovidos de Muslera y dos laterales desde la izquierda llevaron la Jabulani al corazón del área de Stekelenburg, pero el ansiado empate no llegó. La gloria podrá ser de Holanda, pero Uruguay se irá de Sudáfrica con la sensación de haberla acariciado.
