La Cámara de Diputados se prepara para una extensa sesión en la que se discutirá la aprobación de la Boleta Única de Papel (BUP), tras las modificaciones del Senado. La eliminación del casillero de «lista completa», impulsada por gobernadores provinciales, genera divisiones dentro de los bloques políticos. Mientras algunos lo ven como un avance para reducir el «efecto arrastre», otros temen que afecte el derecho de los votantes. Las tensiones internas y las presiones de los partidos locales prometen una jornada intensa.
Este martes, desde las 11:30, la Cámara de Diputados de la Nación abrirá un extenso y crucial debate que podría extenderse por 14 horas, para discutir el proyecto de la Boleta Única de Papel (BUP), una reforma que busca modificar profundamente el sistema electoral argentino. El proyecto, que había recibido media sanción en 2022 y fue aprobado por el Senado el pasado 13 de septiembre con varios cambios, ha generado intensas negociaciones entre oficialistas, opositores y bloques provinciales, quienes han puesto sobre la mesa sus intereses particulares en un contexto marcado por las tensiones políticas y las alianzas estratégicas.
La eliminación del casillero de «lista completa» y su impacto en las provincias
Uno de los principales puntos de discordia en esta reforma es la eliminación del casillero que permitía a los votantes elegir, con una sola marca, a todos los candidatos de un mismo partido en todas las categorías. Este «casillero de lista completa» ha sido una herramienta tradicional que favorecía a los grandes partidos nacionales, al generar el denominado «efecto arrastre», que beneficiaba a las fuerzas políticas con mayor estructura. Sin embargo, su eliminación ha sido impulsada fuertemente por los gobiernos provinciales, quienes ven en este cambio una manera de equilibrar las competencias electorales y evitar que los frentes nacionales acaparen a sus votantes locales.
La vicepresidenta Victoria Villarruel lideró las negociaciones en torno a este cambio con los gobernadores de Neuquén, Río Negro, Salta y Misiones. Las provincias temían que mantener este casillero perjudicaría a los partidos locales, que no suelen presentar candidatos a nivel nacional. «El efecto arrastre genera una desventaja para los partidos provinciales», comentaron fuentes cercanas a la negociación, lo que llevó a los mandatarios locales a presionar fuertemente para que el Senado eliminara esta opción de la boleta única.
Pese a la resistencia inicial de algunos sectores en la Cámara de Diputados, Martín Menem, presidente de la Cámara baja, fue quien propuso aceptar las modificaciones del Senado, destacando la importancia de avanzar con la sanción del proyecto. No obstante, Menem también expresó la intención de seguir discutiendo algunos puntos, como la posible reincorporación del casillero de lista completa, un tema que sigue dividiendo opiniones dentro del recinto. Durante la sesión especial también se discutirán otros proyectos relacionados con la seguridad, como la Ley Antimafia y la Ley de Armas, lo que añade más complejidad a una jornada que se anticipa extensa y cargada de debates.
El dictamen del Senado y las presiones de los gobernadores
El acuerdo previo para avanzar con el proyecto de la BUP fue alcanzado entre el oficialismo, el PRO, parte de la UCR, la Coalición Cívica y Encuentro Federal, quienes priorizaron el objetivo de reemplazar la tradicional papeleta partidaria por una boleta única a nivel nacional. Este pacto fue el resultado de duras negociaciones, en las que los gobernadores provinciales jugaron un rol determinante al advertir que no apoyarían el proyecto si se mantenía el casillero de lista completa. “Si no cumplen el acuerdo, no damos quórum para el Presupuesto 2025 y no cuenten más con nosotros”, habrían advertido según fuentes parlamentarias, en una clara señal de la importancia que le otorgan a proteger los intereses locales frente a las estructuras nacionales.
De hecho, durante la reunión previa del plenario de comisiones, el diputado Nicolás Mayoraz anunció que el oficialismo firmaría el dictamen tal como lo envió el Senado, cediendo a las demandas de los mandatarios provinciales. Esta decisión fue vista por muchos como una victoria de los gobernadores sobre los grandes frentes nacionales, quienes solían beneficiarse del «efecto arrastre» en las elecciones. «Con esta reforma se termina el arrastre nacional y el punterismo bonaerense», afirmó Juan Manuel López, miembro de la Coalición Cívica, quien celebró la medida como un avance en contra del peronismo y las viejas prácticas electorales. «Cristina Kirchner no quiere la boleta única. Sergio Massa tampoco», añadió, marcando una clara línea divisoria en el debate.
Resistencias internas y divisiones en la oposición
Sin embargo, no todos en la oposición están conformes con el dictamen. La diputada radical Karina Banfi ha sido una de las voces más críticas dentro de su propio bloque, calificando la eliminación del casillero de lista completa como una interferencia con el derecho de los electores a emitir un voto informado. “Nos quedamos con sabor a poco en este dictamen”, comentó Banfi, quien lidera la resistencia dentro de la UCR junto a su colega Carla Carrizo. Ambas diputadas han manifestado su intención de insistir en la reincorporación del casillero durante la votación en particular en el recinto, al considerar que su ausencia podría aumentar el voto en blanco en las categorías inferiores.
La preocupación de Banfi y Carrizo se basa en el ejemplo de Mendoza, una de las provincias que ya implementa la boleta única, donde el 85% de los electores optó por la lista completa en las últimas elecciones. Las diputadas temen que, sin esta opción, muchos votantes consideren que marcar solo la categoría presidencial es suficiente, dejando en blanco los casilleros de las categorías legislativas o locales.
En contraste, los defensores de la eliminación del casillero argumentan que su ausencia ayudará a nivelar el campo de juego electoral y a reducir las distorsiones provocadas por el «efecto arrastre». Este fue uno de los principales argumentos esgrimidos por los gobernadores de Río Negro y Misiones, quienes venían presionando por esta reforma para proteger a sus partidos locales de la competencia desleal de los grandes frentes nacionales.
La reforma electoral: un cambio de paradigma en el sistema de votación
Más allá de la eliminación del casillero de lista completa, la Boleta Única de Papel introduce varios cambios significativos en el sistema electoral. El diseño de la boleta adoptará el denominado «modelo mendocino», donde los candidatos y los partidos estarán organizados en filas y columnas, con los cargos electivos dispuestos de manera horizontal y las agrupaciones políticas de forma vertical. Este formato, según sus promotores, facilitará la visualización de los cargos y dará mayor autonomía al elector al momento de votar.
El proyecto también adelanta las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del segundo al primer domingo de agosto, y extiende de 50 a 60 días el plazo para registrar las listas de candidatos proclamados. Además, se establecen nuevos plazos para la exhibición del diseño de la boleta única, que deberá estar disponible 45 días antes de las elecciones, en lugar de los 40 días actuales.
La Justicia federal con competencia electoral y la Dirección Nacional Electoral serán las encargadas de llevar adelante la campaña de difusión y capacitación destinada a informar a la ciudadanía sobre las características del nuevo sistema de BUP. Esta tarea será fundamental para garantizar que los electores comprendan el funcionamiento de la nueva boleta y puedan emitir su voto de manera consciente e informada.
Un debate que refleja las tensiones del país
El debate sobre la Boleta Única de Papel no solo se limita a una cuestión técnica sobre el sistema de votación, sino que también pone de manifiesto las tensiones políticas y las alianzas estratégicas que atraviesan al país. Mientras que algunos ven en esta reforma una oportunidad para modernizar el sistema electoral y reducir las prácticas clientelares, otros la consideran una amenaza para los partidos locales y un atentado contra la autonomía de los electores.
A pesar de las resistencias, el oficialismo parece decidido a avanzar con la aprobación de la BUP, aunque no sin concesiones. «Llegado el caso, vamos a votar la opción de boleta completa«, afirmó un referente del kirchnerismo, sugiriendo que el casillero de lista completa podría reincorporarse como una concesión final para apaciguar las tensiones.
Por otro lado, los libertarios, encabezados por Martín Menem, han priorizado la sanción de la ley, dejando en un segundo plano la discusión sobre la letra chica de la norma. “Fue Menem el que dijo que se iba a respetar lo que acordaran y votaran los senadores”, comentó un diputado del PRO, reconociendo el rol clave de Menem en las negociaciones previas.
En resumen, la aprobación de la Boleta Única de Papel marcaría un hito en la reforma del sistema electoral argentino, pero también deja en evidencia las profundas divisiones y alianzas que configuran el mapa político del país. Las próximas horas serán decisivas para definir el futuro de esta controvertida reforma, en un contexto donde las dinámicas de poder y los intereses provinciales juegan un papel crucial en las decisiones legislativas.
