Una multitud pincharata esperó la llegada del plantel de Estudiantes que en un ómnibus sin techo recorrió, casi a paso de hombre, el camino hasta el centro platense. En el palacio Municipal los jugadores fueron agasajados por el intendente Bruera.
Desde temprano La Plata estaba expectante. Es que ayer volvían ellos, los heroicos, aquellos que luego de 39 años volvían a hacer a Estudiantes un ganador internacional. Los bocinazos y las banderas no pararon desde el jueves, cuando el 2 a 1 los consagró campeones de la Copa Libertadores e inscribió una página más en la historia pincha. .
Desde tempranas horas de la tarde la gente se empezó a juntar frente al Palacio Municipal vitoreando y sacudiendo banderas, esperando la carroza triunfal que tardó cuatro horas en ir del aeropuerto a La Plata, custodiada por miles de simpatizantes que por momentos frenaron el tránsito de la autopista.
Plaza Moreno era una marea roja y blanca que al son de los tambores esperaba a sus ídolos. Carteles, banderas, globos, la plaza era una fiesta. Adentro, en Salón Dorado municipal, se reproducía en menor escala la algarabía externa.
Y cuando, por fin, el ómnibus sin techo, con la Copa en alza llegó, la ciudad explotó… Fuegos artificiales explotaron en el aire, los cánticos crecieron en fuerza y emoción. En el Salón Dorado un grupo de hinchas privilegiados los vio de cerca y se agolpó tratando de alcanzarlos mientras veían como el intendente Pablo Bruera los felicitaba y los distinguía mediante una plaqueta. Eran las 11 de la noche.
Minutos más tarde llegó el momento más esperado, plantel se asomó al balcón y desde allí la Brujita Verón levantó la copa. Fue un momento que quedará en la memoria de más de uno y en el corazón de muchos. La alegría hecha emoción. Llantos, gritos y algo que estalla por dentro.
La Brujita habló, como pudo, con un hilo de voz y abrazado a su padre Juan Ramón Verón, quien supo ganar las copas anteriores. “Gracias por este recibimiento impresionante. En estos dos días los tuvimos presentes todo el tiempo, y sentimos que jugamos de locales gracias a su apoyo”.
Luego fue el director técnico Alejandro Sabella, quien inspirado saludó a la multitud: “Ustedes son mi familia” y agradeció “a este grupo de gladiadores, leones que llevaron al club nuevamente por el camino de la gloria, ayer renació el alma pincharrata”. Después, parafraseando a Alfonsín, expresó "la ciudad está en orden. Nosotros festejamos títulos y campeonatos" y haciendo lo mismo con palabras de Perón señaló "me llevo en los oídos la mejor música que son los gritos del pueblo pincharrata".
Pero el festejo pincha no para, el sábado espera otra jornada de fiesta en el estadio Ciudad de La Plata donde tal vez se arme un amistoso con jugadores del plantel actual y de las viejas glorias. Es que no todos los días un equipo se hace tetracampeón. Los pinchas tuvieron que esperar 39 años. Hoy, la fiesta es interminable.
Por Laura Elisandro

