El plástico, nacido en Ballester y residente en Austria, es reconocido por sus obras basadas en la naturaleza y que alcanzan dimensiones monumentales. Además se dedica al montañismo, elabora vinos, diseña indumentaria y automóviles. Mientras admitió, “soy un admirador del intendente Ivoskus”, el jefe comunal comentó que planifican la realización de una muestra en el distrito.
En una pausa de la emergencia sanitaria decretada por la gripe A, el intendente Ricardo Ivoskus recibió el viernes 16 de Julio a Helmut Ditsch, uno de los artistas mas cotizados del mundo, nacido hace 47 años en Villa Ballester, localidad donde aún conserva afectos.
Cultor del realismo posmediático, sus obras remiten a imponentes paisajes y son elaboradas sobre lienzos que alcanzan dimensiones monumentales. Previo a su paso por San Martín estuvo en Mendoza, lugar en que su familia tiene viñedos; de hecho, el plástico también elabora vinos de alta gama. Asimismo fue en esa geografía que dio sus primeros pasos como montañista, “el escalar fue un paso metafísico”, reflexionó.
Ditsch está radicado desde 1988 en Austria, ciudad que eligió para cursar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Viena, pero vuelve a Argentina de forma periódica, incluso mencionó que aspira tener un atelier con vista al Río de la Plata.
En la conferencia, en la cual también asistieron la subsecretaria de Cultura, Silvia Gorostiaga, y Roberto Melchiori, director de Prensa del Concejo Deliberante, no ocultó su buena sintonía con el jefe comunal. “Soy un admirador del intendente Ivoskus. Estoy orgulloso de ser de este municipio”, expresó. Consultado por cómo encontró al país indicó, “la crisis que se está dando en Europa no se siente acá, supongo que es un fenómeno muy argentino el hecho de consumir, haya crisis o no”.
En un ambiente ameno repasó sus inicios. “Siempre decía que era pintor y no me animaba a decir que era artista, porque sabía lo que hizo Fernando Fader”, mencionó en relación al autor de la primera obra original que contempló en su vida.
También contó que a los 20 años empezó a estudiar filosofía y cuando le confesó a su padre que quería ser pintor, él lo alentó: “Nunca vas a tener dinero, pero serás feliz”. Luego, en Europa atravesó etapas difíciles, “necesitaba poco para vivir, me ayudó el mate, que me alimentaba”.
En 1993 terminó su primer cuadro de gran formato, convirtiéndose en un pionero, “eso era nuevo, lo cual fue una ventaja, porque hasta ese momento los paisajes monumentales sólo se hacían en grupos de trabajo”.
Hoy dedica varias horas del día a sus pinturas, por tal motivo ideó un museo transparente, que permite que la gente lo observe mientras trabaja. Sin embargo sumó otras actividades creativas, como el de indumentaria y automotriz; en ese sentido mostró un esbozo de un impactante auto deportivo.
Ivoskus, por su parte, para que tenga aún más presente su “patria chica”, le obsequió el libro editado por la Universidad de General San Martín sobre Ripamonte, Peláez y Carnacini. Además señaló: “Creo que tenemos que aprovechar una figura de semejante renombre para realizar algo en el municipio”, y anticipó que “quizá esto ocurra con alguna de las acciones que se van a desarrollar por la conmemoración del bicentenario”.

