Con mucha preocupación vemos en estos días cómo en nuestro país, otrora “granero del mundo”, tras casi una década de malas políticas intervencionistas, nos quedamos sin suficiente trigo para abastecer al mercado interno, uno de los principales y más emblemáticos cultivos.
Intervenciones arbitrarias y espasmódicas a lo largo de todas las etapas de comercialización del cultivo, han generado disrupciones en los mercados y distorsionado las señales-precio necesarias para orientar –e incentivar- la capacidad productiva. Los resultados están a la vista: la última campaña triguera arrojó como saldo la menor superficie sembrada de la que se tenga registro, apenas 3,1 millones de hectáreas, y una cosecha de tan sólo 9 millones de toneladas, casi 40% menos que la campaña anterior, dejando un ajustado saldo exportable. Un verdadero despropósito.
Algunos diputados integrantes de la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados hemos recibido, durante las últimas semanas, de parte del sector de la industria molinera reiteradas advertencias acerca de la crítica situación que viven, producto del desabastecimiento en el mercado doméstico. Circunstancia que pone en riesgo el normal desarrollo de esta actividad productiva, fundamental en orden a garantizar la seguridad alimentaria de nuestra población, así como también la continuidad laboral de miles de trabajadores directa e indirectamente involucrados en el sector.
Como era de esperar, la situación de escasez no tardó en trasladarse e impactar progresivamente sobre toda la cadena de valor. No sólo la actividad molinera ha sido seriamente comprometida por falta de materia prima, sobre todo el segmento Pyme, sino también el consumidor final, pues el precio del pan al mostrador en los principales centros urbanos se disparó alrededor de 20 pesos el kilo y podría continuar su escalada llegando a fin de año a casi 10 veces el valor de 2,5$/k que se estableciera al inicio de la intervención, de persistir las actuales tensiones en los precios.
Asimismo, esta situación afecta a las exportaciones de harina, al no otorgarse pedidos de Registros de Exportaciones de harina más allá de las 300.000 toneladas acordadas –de las que se otorgaron solamente 100.000-, cuando las exportaciones normales de harina de trigo son de un millón de toneladas anuales. Este cese de exportaciones de harina ha causado la paralización de establecimientos enteros y está produciendo conflictos sociales de importancia.
La escasez de trigo ha llevado al cereal de 1200 a 2600 pesos, asfixiando financieramente a la industria y generando otra imposibilidad que se suma a la del derecho a exportar, ya que el trigo se encuentra al doble del precio del mercado internacional. Y se ha negado, por temas políticos, la posibilidad de importarlo, aunque más no fuera para cumplir con las exportaciones y salvar los mercados internacionales, que tanto costó ganar en los últimos quince años de gestión empresarial.
Hasta el ingreso de la nueva cosecha harían falta entre 2 y 2,4 millones de toneladas de granos para cubrir las necesidades del mercado interno y evitar un colapso de la industria molinera, lo cual nada garantiza que no ocurra conforme a la poca información oficial disponible.
Atento la gravedad de esta situación, he decido solicitar con algunos colegas diputados la inmediata presencia en el Congreso del Secretario Ejecutivo de la Unidad de Coordinación y Evaluación de Subsidios al Consumo Interno, Dr. Lisandro Tanzi, dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, para dar las explicaciones pertinentes, particularmente la proyección de granos para molienda para los próximos seis meses y medidas contingentes que se prevean adoptar a fines de garantizar el total abastecimiento interno de granos y la continuidad de la actividad molinera.
Esperamos que el oficialismo comparta la preocupación y no permita el desabastecimiento de este alimento tan esencial en la mesa de todos los argentinos.
