El Tesoro Nacional anunció que participará en el mercado cambiario para contener la volatilidad. La decisión implica un quiebre con la condicionalidad del Fondo Monetario, que había bloqueado este tipo de maniobras. El costo político y económico de la estrategia se vuelve cada vez más evidente en medio de la campaña electoral.
El secretario de Finanzas, Pablo Quirno, comunicó en su cuenta de “X” que el Tesoro Nacional intervendrá en el mercado libre de cambios para “contribuir a su liquidez y normal funcionamiento”. La confirmación despejó las sospechas sobre la caída progresiva de las divisas que el Tesoro tenía en el Banco Central y que varios analistas atribuían a operaciones de contención.
La medida marca un giro en la política cambiaria. El programa acordado con el FMI fijó un esquema de bandas que impedía vender dólares antes de que la divisa rozara el techo, hoy en torno a los 1.470 pesos. Al salir a operar en el mercado, el Gobierno rompe esa restricción y deja en evidencia las tensiones con el organismo.
Durante los últimos meses, la estrategia oficial se basó en subir fuertemente la tasa de interés y endurecer las condiciones de crédito para frenar la presión sobre el dólar. El costo fue inmediato: recesión en sectores clave y un sistema financiero más rígido. Según fuentes del mercado, esta dinámica no respondió solo a una decisión del ministro de Economía, Luis Caputo, sino a una cláusula confidencial del último acuerdo con el Fondo.
El Tesoro Nacional anuncia que a partir del día de la fecha participará en el mercado libre de cambios con el fin de contribuir a su liquidez y normal funcionamiento.
— Pablo Quirno (@pabloquirno) September 2, 2025
Ese compromiso obligaba a “no vender los dólares recibidos del organismo”, lo que empujó a Milei y a Caputo a respaldar el plan con tasas récord y un aumento de encajes al 53%. El objetivo era llegar a las elecciones sin un salto cambiario brusco. El recuerdo de 2018, cuando Caputo quemó miles de millones de dólares del FMI en defensa de un esquema insostenible, pesó en la negociación actual.
El impacto económico ya se siente. Las tasas por encima del 100% anual paralizaron el crédito, frenaron el consumo y golpearon a la industria. El oficialismo confía en que la sociedad acepte esta recesión a cambio de una estabilidad cambiaria que le permita transitar la campaña. Pero la historia argentina con el Fondo ofrece señales preocupantes: en 1989, 2001 y 2018 las recetas de ajuste derivaron en crisis políticas, sociales y financieras.
La intervención del Tesoro, anunciada esta semana, rompe el esquema acordado con el FMI y abre un nuevo interrogante sobre la relación con el organismo. Mientras Milei presenta esta maniobra como un recurso para reforzar el orden cambiario, los antecedentes muestran que cada choque con el Fondo terminó en más deuda, más recesión y más inestabilidad.
El oficialismo apostó a un equilibrio precario: altas tasas, crédito restringido y apoyo externo. La irrupción del Tesoro en el mercado cambiario muestra que esa fórmula ya no alcanza y que el Gobierno empezó a utilizar las herramientas que, hasta ahora, el FMI le prohibía.
