Mientras la Casa Rosada exhibe cifras de crecimiento, miles de trabajadores quedan fuera del sistema. Desde Vaca Muerta hasta las fábricas de zapatillas, el recorte de personal se extiende por todos los sectores y anticipa un mercado laboral más precario.
En los primeros siete meses del año, los telegramas de despido, las suspensiones y los retiros voluntarios se acumularon en la Argentina productiva. La aceitera Vicentin, YPF, Acindar, Nissan, Scania, Granja Tres Arroyos, Refinor, Dass, Sancor, General Motors y Bridgestone figuran en la lista de compañías que achicaron su plantilla, según el relevamiento del Centro de Economía Política (CEPA) que conduce Hernán Letcher.
La nómina avanza sobre casi todos los rubros: Halliburton, Ledesma, Kimberly Clark, Molinos Río de la Plata, Nestlé, Ternium y hasta Toyota —que negó los recortes— aparecen en un mapa que se extiende desde las automotrices hasta la industria alimentaria, pasando por el acero, el petróleo, el papel y el comercio.
En Vaca Muerta, el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Marcelo Rucci, lanzó una advertencia: habrá paro total si continúan los despidos y la parálisis en los yacimientos.
Los datos oficiales muestran que en abril el empleo privado registrado cayó a 6.255.000 puestos frente a los 6.284.000 de diciembre. Son 29.000 empleos menos, una baja del 0,5% que no incluye el deterioro de mayo a julio. El retroceso no se explica por los recortes en el Estado sino por la contracción del sector privado, nacional y extranjero.
“Es por el estancamiento de la actividad”, explicó Letcher. El CEPA también relevó reducciones más acotadas en Pirelli, Santander, TN&Platex, Coteminas, Conarpesa, Exar, Prosegur, Arca Continental, Marengo, Red Surcos, Raízen, Fecovita, Bagó, Tenaris, y la metalúrgica Impsa.
El ajuste no se detuvo en agosto. Petroquímica Río Tercero, Algodonera Avellaneda, Mauro Sergio Textilana, Coca-Cola Andina y Radio Con Vos sumaron sus propios casos.
Para Nicolás Gadano, economista jefe de Empiria, “es heterogénea la recuperación de la actividad económica, que ya tiene el nivel previo a la llegada de Milei (al poder) y al ajuste”. Sostuvo que sectores como la construcción y parte de la industria siguen en niveles bajos y despiden personal, mientras que otros en expansión, como petróleo y gas, generan poco empleo. “Hay una pérdida neta de empleo que por ahora no se ve cómo se revertirá”, advirtió.
Matías Rajnerman, jefe de macroeconomía del Banco Provincia, coincidió y añadió que el comercio comenzó a repuntar después de la caída inicial del gobierno de Milei, pero el agro, aunque creció, es intensivo en maquinaria y no en mano de obra. “Cuando uno separa entre sectores ganadores y perdedores, se entiende por qué la economía ya opera 3,5% por encima de los niveles de 2023, pero se perdieron 15.000 puestos de trabajo en el camino, que difícilmente se recuperen en el corto plazo”, afirmó.
Ese número combina despidos formales en el sector privado, el doméstico y el público con el crecimiento de monotributistas y autónomos, muchos de ellos en plataformas como Uber, Didi, Rappi o PedidosYa. La consecuencia es un mercado laboral con más informalidad y menos derechos.
Rajnerman advirtió que la apertura comercial y la apreciación del tipo de cambio favorecieron al comercio, pero profundizaron la caída de la industria nacional.
Melisa Sala, de LCG, vinculó la caída del empleo a una demanda interna deprimida y a la pérdida de competitividad por un dólar atrasado. “El trabajo privado ya venía bastante estancado desde hace una década”, recordó.
Delfina Rossi, directora del Banco Ciudad por la oposición, apuntó a la baja del consumo masivo, la apertura importadora y el encarecimiento del crédito como causas del derrumbe laboral. El consultor Hernán Hirsch ofreció una mirada optimista y habló de un cambio de modelo que reasigna recursos hacia sectores más dinámicos, aunque reconoció que eso implica más desempleo en el corto plazo. “Se agrega la necesidad de mayor productividad micro”, dijo.
El saldo, más allá del relato oficial, es un país con menos puestos formales, más empleo precario y una economía que crece sin que ese crecimiento llegue a los trabajadores.
