Las ventas en supermercados, shoppings y mayoristas mostraron números en rojo durante el primer bimestre. La demanda se consolidó como el principal problema para el comercio.
El consumo masivo no logró recuperarse en febrero y confirmó un arranque de año con números negativos. Las ventas en supermercados apenas subieron 0,3% en términos mensuales, pero no alcanzaron para revertir la baja de enero y el primer bimestre cerró con una caída cercana al 1,1%. En la comparación interanual, el retroceso fue del 3,1%.
El deterioro no se limitó a ese segmento. También se registraron caídas en centros comerciales y autoservicios mayoristas, lo que reflejó un escenario general de debilidad en la demanda. A la vez, estimaciones privadas anticiparon que marzo tampoco mostró señales de mejora.
Los datos oficiales marcaron que el leve repunte mensual en supermercados resultó insuficiente frente al retroceso previo. En enero, las ventas habían caído 1,5%, lo que dejó un saldo negativo en el acumulado del año. En relación con 2023, el nivel de ventas se ubicó muy por debajo, con una contracción cercana al 13%, lo que evidenció la magnitud del deterioro.
Desde el Grupo Geres señalaron: «Se mantienen sumamente deprimidas desde diciembre del 2023, situándose actualmente en un nivel inferior al del peor momento de la pandemia».
El desempeño de los shoppings también resultó negativo. En febrero, las ventas bajaron 1,8% respecto al mes anterior y acumularon dos caídas consecutivas en el año. En el balance del primer bimestre, el descenso alcanzó el 2,6%. Desde el cambio de gestión, el retroceso acumulado en este rubro llegó al 4%.
En el caso de los autoservicios mayoristas, febrero volvió a mostrar una baja del 0,7%. Esa cifra replicó la caída de enero y dejó un resultado prácticamente estancado en el bimestre. Sin embargo, en la comparación con el inicio del actual Gobierno, el desplome acumulado en este canal alcanzó el 19,4%, uno de los peores registros del sector.
El cuadro general expuso un problema estructural en el esquema económico. Los sectores con mejor desempeño, como la minería, el petróleo y el agro, mostraron menor dependencia del consumo interno y una incidencia limitada en el empleo. En cambio, la industria, la construcción y el comercio concentraron el mayor impacto negativo, ya que dependen del mercado local y explican una parte significativa del trabajo registrado.
Las expectativas empresariales también reflejaron el deterioro. El indicador de confianza del sector supermercadista pasó de terreno positivo a negativo en pocas semanas. Ninguna empresa manifestó intención de incorporar personal y la falta de demanda apareció como la principal restricción para la actividad, señalada por el 58,7% de los consultados.
En ese contexto, la caída del poder adquisitivo profundizó el problema. Desde el inicio de la actual gestión, el salario real de los trabajadores registrados acumuló un descenso cercano al 9%, lo que impactó de forma directa en el nivel de consumo.
